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tud una desgraciada facilidad en cometer los mayores delitos. Adim. Así debemos hacerlo. Soc. Habiendo empezado pues á determinar qué discursos deban tenerse y quáles no en presencia de nuestros jóvenes, réstanos aún por fortuna alguna especie de que debamos hablar? Porque tratado está ya lo que debe decirse en orden á los dioses, á los genios y á los héroes, y á lo que pasa en los infiernos. Adim. Así es. Soc. Acaso pues éste seria el lugar oportuno de arreglar la materia de los discursos que miran á los hombres? Adim. Sin duda. Soc. Pero, mi amado amigo, esto nos es imposible por ahora. Adim. Por qué? Soc. Porque pienso que hemos de decir, que los poetas y oradores se engañan respecto de los hombres en cosas de la mayor importancia, quando dicen ellos, que los malos por lo comun son felices, y los hombres de bien desdichados: que la injusticia es útil, con tal que se tenga de oculto; que al contrario la justicia es provechosa á los demas, y nociva á solo aquel que la practica. Nosotros les prohibiriamos semejantes discursos, obligandoles en lo sucesivo á decir lo contrario, ahora sea en verso, ahora en prosa. No es así verdad? Adim. Estoy convenido. Soc. Pues si vos confesais que tengo razon en esto , yo concluiré que habeis convenido en lo que disputamos desde el principio de esta conversacion. Adim. Vuestra rellexion es justa. Soc. Dilatemos pues el probar que estos son los discursos que deben tenerse tocante á los hombres,