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PLAGIADO

nos estaban recorridos por soldados, y que en ninguna comarca correríamos realmente menos peligro que en el país de los Campobellos.

Alán cedió, aunque no de muy buena gana, diciéndole al guía: —En esa región no hay nada que yo conozca, á excepción de brezos, ciervos y Campobellos; pero como veo que Vd. es un hombre de cierta penetración, haré lo que dice.

Nos pusimos inmediatamente en camino siguiendo el itinerario fijado por el guía, y durante la mayor parte de tres noches anduvimos por montañas y valles, á veces ocultos entre las nieblas, otras azotados por el viento y la lluvia, sin vislumbrar un rayo de sol. Durante el día nos acostábamos entre los brezales que chorreaban agua; por la noche estábamos incesantemente ascendiendo montañas ásperas y peligrosas. A veces vagábamos perdidos.

No había que pensar en hacer fuego. Nuestro único alimento consistía en un poco de harina de avena y carne fría que habíamos traído de la jaula; y en cuanto á beber, no era por cierto agua lo que nos faltaba.

Tuvimos un tiempo horrible, aun más horrible por lo sombrío del cielo y del país.

Nunca sentía el calor natural, al contrario ; los dientes se entrechocaban de frío; me dolía la garganta como en la islita; tenía en el costado una punzada que nunca me abandonaba ; y cuando dormía en mi cama húmeda, con la lluvia arriba y el fango debajo, era para pasar de nuevo en mis sueños por mis peores aventuras, tales como el relámpago que iluminó la torre de la casa de mi tío, Ransome llevado muerto á la escotilla, Suan moribundo en el suelo de la cámara, ó Colín Campobello llevándose la mano al pecho. De semejante