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EL HOSPICIO DE GUADALAJARA.

Al pasar por una de las grandes salas noté el letrero "Quirófano" sobre la puerta, y mirando a través de la reja abierta, vio un grupo de cirujanos y estudiantes afanosamente ocupados en la disección de un cadáver, tan a fondo ocupados que de hecho que se dieron cuenta de nuestra presencia. Este parte del trabajo se hace mucho más abiertamente que con nosotros, y parece considerarse bastante de oficio por todos los presentes.

Más grande en proporciones y concepción que incluso el Hospital Belén, es el gran Hospicio de Guadalajara, no se encuentra algo igual en el continente americano. Este fue fundado hace un siglo por el obispo Juan Cruz Ruiz Cabañas, un hombre de gran riqueza y piedad, que lo dotó magníficamente. Su retrato entero, en el que esta representado de pie, con atuendo canónico completo, frente a una mesa, en la que hay un diagrama de la estructura completa, tal como vemos hoy, y sosteniendo en sus manos la bolsa que contiene la dotación de la institución, cuelga en la Capilla del establecimiento ahora. Lo que costo erigir una estructura que abarca seis u ocho acres de terreno, con paredes de tres a ocho pies de espesor, encerrando a no menos de veintidós patios, cada uno rodeado de magníficos corredores o portales, y amueblarlo todo, yo no sé, pero debe haber sido millones de dólares, incluso en un país donde la mano de obra cuesta casi nada.

Este establecimiento fue grandemente degradado hace unos años, pero a través de los esfuerzos del finado Señor Matute finales y otros ciudadanos cívicos y patriótico, se ha regenerado, y ahora tiene dentro de sus muros mil seiscientos seres humanos, desde infantes abandonados recién traídos de la calle, a mujeres jóvenes u hombres listos para salir al mundo como maestro, artesano,