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aprobó la resolucion del jóven; lo abrazó, y usando del supremo ascendiente que ejercia en el ánimo de su marido, le ordenó acceder á aquella demanda.

Belzu volvió ásu pais, donde poco despues tomó servicio como primer ayudante en el batallon 1” de Bolivia.

Postcriormente, habiendo caido en desgracia del general Santa Cruz, presidente de la República en aquella época, fué confinado á Cobija en clase de ayudante de aquella gobernacion

Belzu marchó á desempeñar aquel triste destino con la alegre imprevision de la juventud, y permaneció allí algun tiempo; pero un dia, á consecuencia de una carta en que su anciana madre le manifestaba el temor de no volver á verlo á causa del estado deploráble de su salud, Belzu, sin solicitar licencia de nadie, ensilló su caballo, ciñó su espada y partió.

Llegado á la Paz, fué á presentarse al general Santa Cruz.

Este, al verlo, se imaginó alguna novedad ocurrida en «el puerto; y le preguntó el objeto de su venida.

—El destierro me era insoportable—respondió Belzu, con la cruda franqueza que le fué característica —No he cometido ninguna falta que pudiera autorizarlo, y vengo á pedir á V. que lo haga cesar.

Santa Cruz, acostumbrado al servilismo que lo rodeaba, quedó aturdido ante aquella audacia