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¿conqué ya vas á cumplir veintiun años para hacer lo que te dé la gana? ¡Perra mal agradecida! por casarte con un mozo pordiosero y despreciable ¿quieres abandonar á la tía que te ha criado como si fuese tu madre, y te ha educado y te ha querido tanto? ¡Infame! infame! Pero, eso sí; yo soy quien soy; veremos quien puede más. De aquí á Quito mañana mismo; y como yo sepa que sigues con tus locuras, á un monasterio: allí, allí te mantendrás aunque sea de lega ó de china; pero no serás mujer de un desnudo sin provecho.

Juanita lloraba sin decir palabra.

Por la noche, después de preparar lo poco que se necesitaba para el viaje improvisado de la triste joven, doña Tecla dictaba á don Bonifacio la siguiente carta, y don Bonifacio la escribía pintando con tarda mano letras chicas, redondas é iguales en medio pliego de papel de venado, doblado por el medio y cuyas orillas fueron cuidadosamente igualadas con unas tijeras: —"Ambato, á los 24 días de febrero del año de 1840. A mi sra. doña Marta de N. —Quito. Querida hermana de mi corazón. Como ya te anuncié el otro día, nuestra sobrina Juanita se halla trabucada por las cosas que le ha dicho ese desnudo y pillo del Antonio N., y he descubierto que va á salirse de casa con él, lo que sería un escándalo para todo el pueblo y una afrenta para nuestra familia. Como ya te dije el otro día, es preciso evitar esto, y como te dije, conviene que se vaya á tu casa á pasar bajo tu cuidado lo menos un año, pues nuestro hermano político [Q. E. P. D.] á entrambas nos encargó su hija, y no debo ser yo sola quien aguante las cosas de esa dementada, que hecha la novia me quiebra tanto la cabeza. Como te dije y ahora te lo repito, es preciso que la tengas muy sujeta, que no la pierdas de vista y no consientas que salga de casa sino para ir á misa; pues como te digo es una dementada, y allá puede ir á aficionarse de algún otro mozo parecido al tal Antonio. Lo demás te dirá nuestro primo Bonifacio, que la lleva, y que como sabes es tan formal y honrado y digno de nuestra confianza". [Aquí don Bonifacio levantó la pluma, volvió á ver á doña Tecla, é inclinando la cabeza dijo: muchas gracias primita; siempre á tus órdenes y á las de mi prima Martita]. La conclusión de la carta fué, como puede imaginarse, llena de salutaciones, ofrecimientos, etc.

Al siguiente día á las cuatro de la mañana salían de casa de doña Tecla dos personas á caballo, y descendían por las calles del sur de la ciudad. La que iba delante tarareaba una tonata popular, y de cuando en cuando volvía la cabeza y decía á la que iba detrás: —Juanita, tente firme y no me vengas con alguna voltereta que me obligue á desmontarme. ¡Ea! ea! Traca, traca, traca: hoy tempranito en Mulaló; mañana tempranito en el Tambillo; pasado mañana tempranito á tomar el chocolate con la tía Martita. ¡Ea! traca, traca, traca. Luego don Bonifacio aplicaba