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Tercera parte de don

moça, Aſturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del vn ojo tuerta, y del otro no muy ſana. Verdad es, q̃ la gallardía del cuerpo ſuplia las dmas faltas. No tenia ſiete palmos de los pies a la cabeça, y las eſpaldas q algun tato le cargauā, la hazian mirar al ſuelo, mas de lo q̃ ella quiſiera. Eſta gentil moça pues ayudó a la dōzella, y las dos hizierō vna muy mala cama a don Quixote en vn camaranchō, q̃ en otros tiepos daua maniſieſtos indicios q̃ auia feruido de pajar muchos años: en la qual tambien aloxaua vn harriero, q̃ tenia ſu cama hecha vn poco mas allà de la de nueſlro don Quixote. Y aunq̃ era de las enxalmas, y mantas de ſus machos, hazia mucha vetaja a la de don Quixote, q folo contenía quatro mal liſas tablas, ſobre dos no muy yguales bãcos, y vn colchō, q̃ en lo ſutil parecia colcha, lleno de bodoques, q̃ a no moſtrar q̃ erã el lana por algunas roturas, al tiēto en la dureza femejauã de guijarro, y dos ſauanas hechas de cuero de adarga, y vna fraçada, cuyos hilos fi fe quifierã contar, no ſe perdiera y no ſolo de la cuenta. En eſta maldita cama ſe acoſto don Quixote: y luego la ventera, y ſu hija le emplaſtaron de arriba a baxo, alũbrandoles Maritornes, q̃ aſsi ſe llamaua la Aſturiana. Y como albizmalle vieſſe la ventera tan acardenalado a partes a don Quixote dixo, q̃ aquello mas parecían golpes, que cayda. No fueron golpes, dixo Sancho, ſino que la peña tenia muchos picos, y tropezones, y que cada vno auia hecho ſu cardenal. Y también le dixo: Haga vueſtra merced ſeñora de manera que queden algunas eſtopas que no faltara quien las aya meneſter, que tãbien me duelen a mi vn poco los lomos. Deſſea manera, reſpondio la ventera tãbien deuiſtes vos de caer? No cay, dixo Sancho Pança, ſino q̃ del ſobre ſalto que tomè de ver caer a mi amo, de tal manera me duele a mi el cuerpo, que me parece, que me han dado mil palos. Bien podría ſer eſſo, dixo la donzella, que a mi me

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