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la ciudad encantada de los césares

las Filipinas otro insigne Cesarista que en aquellas islas habia recibido el contajio de la tradicion i de las lástimas que por todo el Pacífico esparcieron los catorce tripulantes de la barca del Realejo.

Aquel iluso era nada ménos que el gobernador de Chile don Lope de Ulloa, escelente caballero, que tomó posesion del reino el 12 de enero de 1618, i falleció de pesadumbre ántes de dos años, llorado por todos los buenos por su magnánimo desinteres,—la mas sublime i la mas rara prenda que en nuestro pais han lucido sus supremos gobernantes. Es preciso descender desde don Lope de Ulloa a Portales para volver a encontrar en el poder el absoluto menosprecio del oro.

A la voz del entusiasmado don Lope, se aprontaron espediciones de rescate en una i otra falda de los Andes. De todas partes corrian los voluntarios a las armas. Era esa una especie de santa cruzada, emprendida sin bulas, para ir a redimir a aquella misteriosa Jerusalen perdida en los desiertos i profanada por infieles.

Fué el primero en ponerse a la cabeza de aquella esploracion de un mundo agrio i desconocido, cierto caballero de la ciudad de Córdoba llamado el jeneral don Luis de Cabrera, hombre «dotado de gran valor, generoso ánimo i otras mui lucidas