Manifestación de hambre

Manifestación de hambre
de Mauricio Bacarisse

  Un frío domingo antipático
 vi un lijoso y doliente enjambre:
 en un paseo aristocrático
 una manifestación de hambre.

  Fue en la Castellana elegante,
 jardín de modas y arrumacos,
 donde resuena extravagante
 la sandez de los currutacos.

  Pobres obreros miserables,
 mujeres, ex-hombres gorkianos,
 niños de faces espantables,
 todos asidos de las manos,

  formando sartas de miseria,
 henchidos de un rencor de infierno.
 ¡Inanición, ira y laceria
 entre la bruma de un invierno!

  Cielo gris de un día holgazán,
 ausencia de oro y de arrebol,
 y gente huérfana de pan
 en la ciudad viuda de sol.

  La Castellana era aquel día
 de famélicos peregrinos.
 ¡Escaparate de cursilería
 de niñas bobas y sietemesinos!

  El menestral de ojos de lumbre
 fruncía el ceño en fuerte arruga,
 y subía la muchedumbre
 ondulante como una oruga.

  Y la almibarada inconsciencia
 mirábalos con repugnancia,
 sin saber que era una advertencia
 que hacía el Hambre a la Elegancia.

  Puros perfiles de medallas,
 damiselas de porte rico,
 como mujeres de pantallas
 o de países de abanico,

  ¿no os asustó en el sucio fango
 la Multitud, plural vestiglo,
 rosas de «tennis» y «te tango»
 de la maceta de este siglo?

  Orlas de nutrias y de encajes
 tenía la mueca melancólica;
 brillaba el raso de los trajes
 como un esmalte de mayólica.

  ¡Rencor de plebe desgraciada,
 que, tiritando con sus niños,
 veía la carne aburguesada
 bajo el calor de los armiños!

  ¡Burguesías, faunas asqueadas
 de ver andrajos, tizne de hulla!
 ¡Rebaños que aman las bordadas
 rosas de oro de una casulla!

  Aristocracia contumaz,
 ¿te enseñará el social dolor
 una guillotina voraz
 una tarde de Termidor?
 
  Vi en aquel domingo holgazán,
 sin luces de oro y de arrebol,
 a un pueblo huérfano de pan
 en la ciudad viuda de sol.

  Vi a un albacea de Jesús
 destrozando la flor del Bien
 y a Teresita Cabarrús
 haciendo guiños a Tallien.


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