Lo más corriente en Madrid

Lo más corriente en Madrid
de Francisco de Quevedo


A

Alcahuetas, más que picadores a respecto de lo que se gasta más su caballería.
Amigos como treguas, mientras duran las comodidades.
Agravios limosneros que siempre dan a pobres.


B

Barbas y cabellos dominicos: sobre blanco capas negras.
Banderas por la razón de estado, sobre las almenas de la justicia.
Barrigas de algodón como pantorrillas, nuevo modo de hidropesía.


C

Caracoles sin concha más que con ella.
Cuellos y conciencia de muchos anchos.
Calvos con cabelleras.


D

Deseos mártires y esperanzas vírgenes.
Doncellas sotanadas como casas.
Dones más huérfanos que niños expósitos.


E

Escribanos cuya pluma pinta según moja en la bolsa del pretendiente.
Edictos de envidia, de achaque, de ambición.
Estanque de coches a boca de noche en la calle mayor porque en estanque siempre se ahorra.


F

Frailes de entrambas sillas y menos jinetes en las del coro.
Favores con los extremos de la estatua de Nabuco.
Faltriqueras en el brazo, por lo menos para pañuelos que serán a propósito los mozos para fuentes o cicatrices de sangrías.


G

Grandes como letras góticas, en mucho papel pocas razones.
Galanes y bolsas de bayeta.
Guerras de gente de razón.


H

Hábitos de merced más que de buenas costumbres y tantos que ya son señas no traerlos para ser más conocidos.
Honras rotuladas como vasija de boticario; pero vacías por quebradas.
Hablar y escribir gordo: testigos tan calificados, que pueden acreditar cualquier ejecutoria.


I

Intereses que la mucha devoción hizo como la fiesta de precepto.
Intenciones doradas como píldoras, pero más amargas y nunca provechosas.
Injerto de pobreza y vanidad, cuya fiesta son trampas y deudas.


L

Ladrones de privilegios como son las despensas, a quien no se atreven alguaciles, si bien por serlo ellos de solar conocido se les debe el primer lugar.
Lisonjas que pudieran, como jilguerillos, encerrarse en jaulas, a no haberlas menester los que las escuchan.
Leyes de calidad de maná, que saben a todo lo que los jueces quieren, quiera Dios no se les vuelvan codornices.


M

Maridos de anillo, como obispos y que no menos merecen mitra.
Madres que se comen a sus hijas o el precio por que las venden que es lo mismo.
Minas de diamantes con nombres de asientos para genoveses.


N

Necios con almagre de discretos porque a su lado, como ceros de guarismos, se acreditan.
Narcisos ahogados en el agua de su propia estimación.
Narices y estómago a prueba de mondongo y más.


O

Oficios de tantos ensanches que es mayor la circunstancia que el pecado.
Ojos engastados en soplillos que ya enamoran las damas con los ojos como puentes y con dejarse pasar.
Oblígados de novelas y mentiras, más seguras que los de la nieve.


P

Pretendientes paralíticos que no sanan por no tener hombre y otros por no tener mujer.
Poetas de diferentes estofas, pero todos vergonzantes.
Putas ambigui generís.


Q

Quejosos, maldición forzosa, como bendición de pobres que ja¬más pueden faltar.
Quartos por plata con cuatro por ciento y otros a ciento por cuatro.
Quentas estrechas porque se les acabó la gracia a la que lo era del perdón.


R

Rosarios de regadío y oraciones de secano.
Resoluciones dudosas.
Relojes como tribunales, que se apela de unos a otros, aunque los más atrasados son los más finos jueves en la noche.


S

Sastres de vidas ajenas, que cortan con la imaginación y cosen con almaradas.
Sobornos por procuradores, con que se asegura el buen despacho.
Sotanillas arremangadas como bigotes.
Sirenas de respigón y de bolsa, que cantan en mano.


T

Traspiés, mayormente en palacio.
Tardos y costosos desengaños.
Tomar siempre por siempre, como mandamiento positivo


V

Vino con agua, como chamelote.
Valiente de guardamano, que fían más de la de los pies.
Verdades como delincuentes retraídos en la iglesia, porque no sde hallan sino en el confesionario.


El Christus se nos olvidó al principio deste alfabeto, pues no fuera nuevo estar entre ladrones.