Lipemanía estuporosa

Lipemanía estuporosa (1906)
de Vicente Ots y Esquerdo
Nota: «Lipemanía estuporosa» (1906) Revista de Especialidades Médicas, año IX, pp. 223-225.
LIPEMANÍA ESTUPOROSA
POR EL DOCTOR D. VICENTE OTS Y ESQUERDO
Neurólogo y Mentalista en Madrid.
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La publicación de la presente nota clínica no tiene otro objetivo que el de corroborar la facilidad relativamente grande con que recuperan la salud mental enfermos que, por su apariencia sintomática, por el grado extraordinario de su obnubilación intelectual y por la tenacidad de sus impulsiones suicidas, parecen condenados á perpetua cronicidad.
Esta verdad clínica, puesta de relieve en el pasado siglo por los grandes maestros de la medicina mental, no necesita en nuestros días ser razonada ni demostrada, en atención á que los axiomas sólo requieren su exposición para ser aceptados. Basta tener una práctica de un par de quinquenios en psiquiatría para abrigar la convicción profunda de la relativa curabilidad de esos tres grandes procesos morbosos de las frenopatias: la manía, excitación maniaca y lipemanía; y esta benignidad pronostica servirá siempre de ariete, que esgrimiremos á toda hora contra el concepto consuetudinario de la incurabilidad de las locuras.
Esta finalidad disculpa el que emborrone unas cuartillas con la exposición de una historia clínica, acaso vulgar, corriente y calcada dentro del marco sindrómico de los procesos lipemaníacos de forma estuporosa, pero no por esto menos instructiva y adecuada á invitar á los médicos generales á que en afectos semejantes perseveren en el tratamiento, y pronto vean coronados por el éxito curativo sus empeños terapéuticos.
C. R., de treinta y seis años y casado, se presentó á nuestra observación en marzo de 1903, con los siguientes antecedentes y síndrome:
Su padre murió de una congestión cerebral; su madre es histérica, con ataques; dos hijos sucumbieron de meningitis, y un primo carnal paterno se suicidó.
La actual enfermedad se inició seis meses antes por considerarse el enfermo inepto para el trabajo, y sentir presentimientos penosos y temores de próximas desgracias para él y para su familia. Pocos días después cesaron, al parecer, estas preocupaciones, recobrando su normalidad habitual, para volver á retoñar más tarde los mismos presentimientos.
Con estas alternativas de pasajera perturbación mental y tranquilidad siguió hasta veinte día antes de encargarme de su asistencia, en cuya época acrecieron de un modo extraordinario sus perturbaciones intelectuales, tomando el sello de persecutivas, con ilusiones ópticas, gustativas y olfativas, mas con la agravante de tres intentos de suicidio. En todas estas épocas el insomnio fué permanente, y también marcados los excesos onanistas.
Con estos precedentes, pude comprobar en la primera observación el siguiente cuadro sintomático; actitud indiferente, pasiva, y con el carácter catatónico de los lipemaniacos perpléjicos de quedar en la actitud impresa á sus extremidades; semblante con expresión mixta de estupor, asombro y temor; pupilas midriásicas y mirada apagada; lengua saburrosa y sin temblor, ni incoordinación; y pulso pequeño, blando y de normal frecuencia. En el orden mental aparecen profundamente perturbadas sus facultades intelectuales, no obteniendo más que muy contadas contestaciones á mis insistentes y repetidas preguntas, y éstas con voz apagada y apenas perceptible. En ellas deja entrever su convicción morbosa de que es muy malo, que tiene que sufrir mucho, y algún concepto velado de índole persecutiva.
Ante los síntomas ligeramente indicados, no vacilé en afirmar el diagnóstico de una lipemanía de forma estuporosa y en augurar un pronóstico de curabilidad; aunque en este último extremo he de confesar que avancé más de lo debido, porque nos enseña la clínica psiquiátrica que la cronicidad y la incurabilidad van aparejadas con la tara hereditaria degenerativa, y en este enfermo no sólo existía el estigma hereditario en los ascendientes, sino también en los descendientes y colaterales, circunstancias éstas que imponen alguna reserva en el juicio pronóstico.
El tratamiento planteado en este caso es el aconsejado y practicado por la mayoría de mentalistas en estas formas depresivas. Como primera medida aconsejé el encamamiento, en atención á que si bien la enfermedad se revela al exterior por pasividad mental domina en cambio en todo el cerebro una excitación violenta y permanente, según demostró Ball con su clásica doctrina patogénica; y claro está que en estas condiciones ningún sedante dispone la terapéutica frenopática tan eficaz y duradero como éste. Le prescribí, además, los baños templados, los opiáceos, la revulsión intestinal y el trional como hipnótico.
Transcribir aquí el diario clínico de mi observación sería empeño molesto y pesado para los ilustrados lectores de la Revista, y seguramente de ninguna utilidad, ni enseñanza práctica; y por esta razón he de limitarme á consignar las dos grandes faces apreciadas en el curso del padecimiento; la primera estacional, y de reintegración mental la segunda.
La primera persistió hasta mediados de agosto, y durante ella aunque mejoró la confusión y estupor mental, eran frecuentes las alternativas de remisiones con exacerbaciones estuporosas, como también la sustitución de la forma perpléjica á la estuporosa. No obstante, el sueño mejoró bastante, no necesitándose fuertes dosis de hipnótico, y las funciones digestivas se normalizaron, desapareciendo la anorexia y el estreñimiento.
En la segunda quincena de agosto comenzó á iniciarse visible transformación favorable en el estado físico y mental del enfermo. Su semblante tomó un aspecto más expresivo, las contestaciones eran más rápidas y acordes, las preocupaciones persecutivas y de preocupación se desvanecieron, y todas las manifestaciones intelectivas morbosas cesaron por completo, entrando en un período de franca convalecencia.
A fines de septiembre le di el alta curativa, considerando que había recuperado por completo la higidez mental, y hasta el presente no tengo noticia de que haya necesitado de nuevo los auxilios de la medicina mental.
Aunque sencillo este caso, como antes he manifestado, creo ha de alentar á nuestros compañeros á que en casos semejantes perseveren, con una medicación enérgica y continuada, para así restar una unidad al producto nacional de la morbilidad mental.