La resignación
de Antonia Díaz Fernández de Lamarque
Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.

Es grato contemplar la esplendorosa
Luz que derrama el sol en occidente,
Y grato respirar el manso ambiente
De la apacible tarde silenciosa.


Grato es al alma que feliz olvida
La amarga realidad de la existencia,
Del Eterno admirar la omnipotencia
Y bendecir sus obras sin medida.


Esos que el astro moribundo envía
Templados rayos de dorada lumbre,
Esa grandiosa y elevada cumbre
Donde se vuelve la mirada mia,


Esas brillantes nubes de topacio
Que lucen extendidas en la esfera
Con esmalte divino, esa ligera
Ave que cruza el anchuroso espacio:


Del manso rio que á mis piés ondea
El apacible y lánguido murmullo,
Ese risueño y armonioso arrullo
Del álamo que el céfiro cimbrea;


El aire leve que anhelante aspiro
De rosas y azahares perfumado
Y ese que el corazon enagenado
Exhala á su pesar mudo suspiro;


Alivio dulce y celestial ofrecen
Al alma inquieta si angustiada gime,
Y el dolor se disipa que la oprime
Y bellos pensamientos la adormecen.


¡Ah! si el que sufre mísero no alcanza
En el mundo infeliz algun consuelo,
En grata soledad puede en el cielo
La estrella contemplar de la esperanza.


Esperanza divina, lumbre pura,
Por tí el olvido nuestras penas lleva,
Por tí dichoso el corazon se eleva
A la morada de eternal ventura.


Tú das resignacion ¡Feliz, Dios santo,
Quien resignado sus pesares mira,
Y elevándose á ti cuando suspira
Enjuga en alas de la Fé su llanto!


Resignacion, tu antorcha resplandece
Y plácida renace la alegría,
Veloz se ahuyenta la inquietud impía
Y todo encanto celestial ofrece.


A tu poder de las lozanas flores
Son más puros los hálitos suaves,
Más sonoros los cantos de las aves,
Más brillantes del sol los resplandores.


Resignacion, emanacion divina
De las leyes del Dios omnipotente,
Santo consuelo, antorcha refulgente,
Dichoso aquel que á tu esplendor camina!


Feliz el que del mundo la grandeza
Y falsas glorias con desprecio mira,
Y la creacion entusiasmado admira,
Mágica fuente de inmortal belleza.


Campos risueños, deliciosa calma,
Ultimo rayo de la luz del dia,
Vosotros la tenaz melancolía
Podeis tan solo mitigar del alma.


Sí; que aqui vuelve con celeste anhelo
A la mansion etérea su mirada,
Fiel repitiendo: «aquella es la morada
Adonde libre tenderé mi vuelo.»


Míseras son las dichas de la tierra,
Allí es tan solo donde el bien se alcanza...
¿Quién al brillo de célica esperanza
La esperanza mundana no destierra?