Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.
LA LOCA.


¿QUIÉN es esa mujer en cuya frente
El sello miro de mortal tristura,
Lánguida como el sáuce de la fuente,
Inmóbil, cual la estátua del dolor?
¿Quién es esa mujer? Su cabellera
En rizos se destiende por la espalda,
Cual las ramas de mustia adormidera
Conque el angel del sueño se cubrió.


Es vago su mirar; la vista incierta
Fija en redor é indiferente ríe,
Y queda inmóbil; pero luego alerta

Quiere todos los ruídos percibir.
Y erguida, cual la corza amedrentada
Que acecha el cazador, se para, atiende,
Y al disiparse la visión soñada
Se escucha su sarcástico reír...


Y se inclina y atisba cuidadosa,
Brilla una luz de pronto en su pupila
Y se lanza á ocultarse presurosa
En el estrecho, oscuro camarín.
Toma en sus blancas manos descarnadas
Un ramillete de exquisitas flores,
Y al contemplarlas mústias, deshojadas.
Inclina como ellas la cerviz.


Las oculta en su seno que se agita
Cual la honda de cristal al soplo leve;
Y en otras horas con placer medita...
Las horas ¡ay! de su fatal pasión,
Y sus labios murmuran de contino
El nombre de su bien idolatrado,
Sumergiéndose en éxtasis divino,
Gozando en inefable conmoción.

De su razón en la tiniebla un rayo
Brilla de luz, y vuelve la infelice
Otra vez á su lánguido desmayo,
Otra vez á su estúpido mirar.
¡Pobre idiota, extraviada en el vacío
Como ave de la noche por los vientos,
Sin tregua en su terrible desvarío,
Sin consuelo en su bárbaro pesar.


Juguete de su viva fantasía,
Rodeada de espectros y fantasmas,
Por do quiera le sigue en su agonía
El eco triste del perdido amor.
Siempre delante una visión medrosa
Que le infunde pavor desconocido,
Siempre una voz que le repite ansiosa
De su ventura el postrimer adiós.


De su ventura, sí, serenos días
De almo solaz huyeron como el viento
Que lleva las postreras melodías
Que modula el alegre ruiseñor.
De placer y de amor dulces caricias,

Supremas horas de entusiasmo, ensueños
De inefables, purísimas delicias.
Talismán de la vida halagador.


¡Ay! ¡para siempre en la impalpable nada
Os hundísteis!... ¡Pluguiérale la tumba
A esa infeliz idiota, condenada
Sin tregua sus dolores á sufrir...
Si el criminal á quien su amor evoca,
Amante engañador, la mira un día,
Exclamará frenético... «¡Está loca.!
¡Ay! ¡maldición eterna sobre mi!...