Historia XIV:Louvois

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Vauban


Mazarino había confiado los asuntos militares a un exmagistrado de familia burguesa, Le Tellier, secretario de Estado de Guerra. Su hijo, nombrado marqués de Louvois, fué su agregado y le sucedió al morir.

Louvois encontró el ejército desorganizado. Los coroneles se habían hecho amos de sus regimientos y vendían los grados de oficiales. Reclutaban ellos mismos los soldados, y como el rey les daba el total del sueldo de los soldados de su regimiento, era su interés tener menos hombres que los que estaban obligados a pagar. Cuando un inspector real iba a pasar revista a las tropas, para ver si el regimiento estaba completo, se le presentaban soldados falsos que se llamaban pasa-volantes, y que eran por lo común criados.

Los soldados estaban alojados en pequeñas barracas colocadas en un suelo fangoso, y dormían cuatro en una misma cama. No se les daba ropa con regularidad, muchos sólo tenían pantalones de lienzo. Era también muy frecuente que no recibieran sus pagas.

El ejército no tenía almacenes provistos, los soldados vivían como se les alcanzaba y saqueando el país. Como no había forraje, se esperaba antes de entrar en campaña a que el trigo hubiera crecido lo bastante para que pudieran comer los caballos.

Louvois era un oficinista, nunca había salido a campaña. No intentó variar el sistema del ejército. Se siguió reclutando los soldados por alistamiento voluntario.

Oficiales reclutadores recorrían Francia en busca de hombres. El reclutador, cuando llegaba a una población, mandaba pregonar que venía a alistar soldados para el servicio del rey. Para decidir a los hombres a engancharse, les daba una suma en metálico. Por lo común les hacía promesas falsas o los emborrachaba para que firmasen el compromiso de enganche. Muchas veces se apoderaba de ellos por fuerza. Louvois escribía en 1677: «Es muy mala excusa en un soldado, para justificar su deserción, decir que le han cogido por fuerza. Si se quisiera admitir razones de esta calidad, no quedaría un soldado en las tropas del rey, puesto que casi no hay uno que no crea tener alguna buena razón para reclamar contra su alistamiento». Los soldados alistados de esta suerte eran pobres gentes sin recursos o aventureros.

Cuando Luis XIV guerreó en 1668, Louvois se dió cuenta del desorden del ejército. Empezó inmediatamente a hacer reformas. Ordenó condenar a galeras a todos los que se encontrase haciendo de «pasa-volantes» .—Creó comisarios de guerra, encargados de comprobar el efectivo de las compañías.—Obligó a los capitanes a tener completas sus compañías. Ordenó pagar el sueldo cada diez días. Fijó una misma soldada para todo el ejército: cinco sueldos diarios para el infante, once para el dragón, quince para el jinete.

Louvois creó los servicios necesarios para aprovisionar al ejército: arsenales, polvorines, fundiciones de cañones, hospitales y ambulancias, remontas para la caballería.— Creó un servicio regular de los víveres, lo que llamamos la intendencia militar.—Mandó edificar cuarteles para alojar a los soldados.

Se conservó el régimen antiguo que permitía a los oficiales comprar su grado y revenderlo. Pero Louvois exigió que el oficial hubiera cumplido un año de instrucción militar como cadete en una compañía antes de comprar su grado. Obligó a los oficiales a hacer el servicio regularmente y a estar presentes en sus regimientos. «Se quiere, decía, que un capitán haga su granja de la compañía, pero se quiere también que la cultive» .—Reguló el ascenso de los oficiales por antigüedad. En igual grado, había de mandar el más antiguo.

Louvois no cambió el traje ni el armamento. Obligó a los oficiales a proporcionar a sus hombres ropas de paño; pero no exigía uniforme. Les aconsejaba únicamente que diesen el mismo traje a todos los soldados de un mismo regimiento.

Se conservaron mucho tiempo las antiguas armas, el mosquete y la pica. En 1670 no había aún más que cuatro fusileros por compañía, que manejaban fusiles de chispa. La bayoneta no apareció hasta después de Louvois. En 1690, en la batalla de Steinkerque, se luchaba todavía con picas.

Louvois creía que la guerra consiste más bien en sitios que en batallas, y tenía mucho interés en construir plazas fortificadas. Dirigía las fortificaciones en todas las provincias conquistadas, que eran las de la frontera. Colbert tenía este mando en todo el resto del reino. Utilizaba arquitectos, Louvois tenía ingenieros militares. Estos dos cuerpos eran rivales.