O'HIGGINS




Nació este chileno ilustre en el pueblo de Chillán el 26 de agosto de 1776. Era hijo de un militar español de origen irlandés y de una ilustre dama de Chillán, doña Isabel Riquelme. En la época de su nacimiento era su padre teniente coronel; más tarde fué capitán general de Chile y virrey de Perú.

Se comprende que el joven don Bernardo O'Higgins había de recibir una educación muy esmerada, y así sucedió en efecto. Aprendió las primeras letras en Chillán, la segunda enseñanza en Santiago y en Lima, y completó sus estudios en Europa.

Al regresar á Chile era ya partidario de la independencia, habiendo contraído compromisos con algunos compatriotas que vivían en Cádiz preparando el movimiento que se presentía. La juventud ilustrada de aquel tiempo, no sólo en América, sino en la misma España, creía cercana la emancipación y trabajaba por ella.

No es extraño, pues, que O'Higgins tomara parte desde que llegó en el movimiento separatista que se había iniciado. Como coronel de las milicias de Laja se batió con bravura al ser atacado Chile por el general Pareja; fué herido en la acción del Roble; reemplazó más tarde al general Carrera en el mando del ejército patriota. Sus rápidos ascensos despertaron celos y rivalidades y le valieron la ojeriza del general Carrera; mas éste reconoció, como todos sus compañeros de armas, que el general O'Higgins era acreedor á todas las distinciones que se le concedían, pues las justificaba con su valor y con su intrepidez.

Cuando el general Osorio con 5,000 soldados marchaba sobre Santiago, donde residía la Junta, O'Higgins se defendió en Rancagua con la vanguardia chilena sosteniendo una lucha de treinta y seis horas y deteniendo la marcha de los españoles en una villa abierta. El día 1.° de octubre 1814, los defensores de Rancagua mandados por O'Higgins se abrieron paso cargando á la bayoneta, salvando sus banderas y evitando una rendición que parecía inevitable.

Después de Rancagua, dispersas y diezmadas las fuerzas de los patriotas, emigraron muchos de éstos buscando un refugio al otro lado de los Andes. O'Higgins se refugió también en la vecina República, donde era considerado como jefe de la emigración. Con tal título se asoció á la empresa del general San Martín. Los chilenos mandados por O'Higgins formaron parte de la expedición que pasó á Chile en 1817. Aquella marcha de un ejército bisoño á través de la cordillera andina, aquella invasión de Chile ideada por San Martín y ejecutada con éxito, constituye una de las páginas más gloriosas de la independencia y uno de los hechos más admirables de la historia militar del mundo.

Los invasores de Chile batieron en Chacabuco al ejéicito español, contribuyendo eficazmente á la victoria una carga briosa del general O'Higgins.

Tomada poco después la capital de Chile, fué elegido el general chileno, Director supremo del Estado. San Martín se dirigió al Perú, quedando O'Higgins en Santiago. La dirección de O'Higgins duró desde febrero de 1817 hasta enero de 1823.

La escuadra chilena fué creada en tiempo del general O'Higgins; habiendo comprendido el Director supremo que Chile necesitaba una escuadra poderosa, para conquistar su independencia primero, para defenderla más tarde, para salvaguardia de sus costas, de sus intereses y de su pabellón en todos los sucesos y en las épocas todas de su vida, organizó las primeras fuerzas navales que tuvo la América española después de emanciparse. La escuadra chilena se cubrió de gloria en las aguas del Pacífico, haciendo sus primeras armas contra fuerzas navales superiores y recibiendo el bautismo de sangre ante las fortalezas del Callao, defendidas por los españoles con poderosa y brava artillería.

Al hablar de artillería potente y de naves poderosas, las consideramos con relación á su tiempo. No entendemos confundir las escuadrillas de vela ni los cañones lisos que se usaban entonces, con los acorazados que hoy existen ni con sus bocas de fuego.

Desde entonces ha progresado la marina chilena, al compás de las de otros países y al nivel de los más adelantados. Sus vasos náuticos, si no todavía tan numerosos como lo exigen las necesidades de una nación marítima, son buenos en general, bien artillados, bien tripulados y bien gobernados siempre. Los marinos chilenos han conservado su reputación de inteligentes y bravos, mereciendo que su país eleve un monumento en honra suya. Aunque la patria chilena no debiera más al general O'Higgins, la creación de la escuadra sería para él un título de gloria.

Terminó el gobierno del general O'Higgins, por renuncia que pronunció bajo la presión del pueblo; no cedió por debilidad, sino por convencimiento. Había pasado el tiempo de las direcciones incondicionales y de la dictaduras indiscutibles, y el jefe del Estado renunció su poder personal en manos de una Junta revolucionaria.

La enconada oposición que en Santiago y otras poblaciones hacían los patriotas al general O'Higgins durante los últimos meses de su mando, se dirigía al director supremo, al político poco afortunado, al estadista que parecía no estar á la altura de la situación; de ningún modo ni por un momento se le perdió el respeto debido al horée de Rancagua ni se olvidó la consideración que el hombre merecía por sus servicios y por sus virtudes. No bien se desprendió del poder, cuando fué vitoreado por las mismas turbas populares que le habían exigido su renuncia. Contraste que honra tanto al general O'Higgins como al pueblo que le derribaba sin ingratitud y sin rencor.

Con la caída de O'Higgins terminó el período de gobierno militar, abriéndose nueva era para la joven República. Esta ha navegado por el derrotero de la Libertad y con rumbo al puerto de la Democracia, con más lentitud que otras, pero con más firmeza. No importa marchar despacio si se anda con paso firme, y Chile se ha desprendido ya ó se va desprendiendo poco á poco de las trabas rutinarias, de las usanzas pueriles, de las prácticas añejas de un fanatismo rancio, de las preocupaciones aristocráticas más ó menos peligrosas, que no han sido sino herencias de la época colonial, de la España del absolutismo y de la Inquisición.

O'Higgins comprendió que su presencia en Chile, después de haber ejercido tanto tiempo la suprema autoridad, podría ser motivo de disturbios si se tomaba su nombre por bandera de partido. Por eso emigró al Perú, á fin de no dar pretexto á las facciones para servirse de su presencia en perjuicio de la concordia y de la paz.

Murió en el mes de octubre de 1842; pero sus cenizas fueron trasladadas á Santiago de Chile, desde Lima donde reposaban, algunos años después de su fallecimiento.

Más tarde se le ha erigido por sus compatriotas un bello monumento conmemorativo: la estatua ecuestre del héroe de Rancagua.