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El nuevo hospicio de pobres
de Pedro Calderón de la Barca
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Sale el REY, viejo venerable.
REY:

¡Oh, tú, divina mente,
que en campos del oriente sin oriente,
desde el siglo primero sin primero,
hasta el postrero siglo sin postrero,
a no dejar de ser la que ya fuiste,
del labio del Altísimo naciste
primogénita suya,
tú, que desde la eterna infancia tuya
cielos habitas, siendo si a ellos subes,
tu trono las columnas de las nubes,
desde donde circundas
el orbe a giros, desde donde inundas
a giros el abismo,
poniendo a un tiempo mismo
en varios horizontes
ley a los mares, límite a los montes,
tú, en fin, que sin principio y fin criada,
como el cedro en el Líbano exaltada,
como en Cades la palma, la especiosa
oliva en valle, en Jericó la rosa
y el plátano en la orilla
de las aguas, fragrante maravilla
de vid vallada entre diversas flores,
diste la suavidad de los olores
distilando en aromas
al cinamomo y bálsamo las gomas,
que en místico atributo
de honestidad y honor rinden el fruto
por quien el sabio llama
al buen olor perfume de la fama,
atiende a la voz mía
antes que diga, oh tú, Sabiduría
de Dios, pues ya para saber quién seas
tus renombres lo han dicho.

SABIDURÍA:

(Dentro.)
Porque veas
que el que mi auxilio invoca
la línea apenas deste alcázar toca
cuando su voz se escucha: abrid las puertas.

(Sale la FE con una cruz, la ESPERANZA con una áncora, la CARIDAD con un ramo de espigas, la MISERICORDIA con otro de oliva y detrás la SABIDURÍA con corona y cetro.)
FE:

Ya al nuevo sol que en ti amanece abiertas
están, pues te hacen salva
segunda vez los músicos del alba.

ESPERANZA:

[Canta.]
Díganlo en sus verdores
los dulces sustenidos de las flores.

CARIDAD:

(Canta.)
En acentos suaves
lo digan los trinados de las aves.

MISERICORDIA:

(Canta.)
En sus claras corrientes
los sonoros pasajes de las fuentes.

FE:

(Canta.)
Y en sus cóncavos huecos
las cláusulas finales de los ecos.

LAS 4:

(Cantan.)
Juntando sus primores
ecos, cristales, pájaros y flores.

REY:

Bien dice superior naturaleza,
oída la voz y vista la belleza;
a tanta luz mi turbación es mucha.

SABIDURÍA:

Dime ¿a qué fin me has invocado?

REY:

Escucha.
Yo soy (que aunque tú lo sabes
hay tan sagradas materias
que el saberlas explicar
es un segundo saberlas,
y más cuando al que las sabe
no es el oírlas molestia
por la caridad de que
quien no las sabe las sepa)

REY:

aquel rey de quien Mateo
y Lucas dijeron que era
(bien que con señas distintas
mas no con contrarias señas)
el que pacífico un tiempo
sobre la faz de la tierra
reinaba en paz y justicia,
con que citada la letra
entre ahora la alegoría,
pero entre con advertencia
de que uno es el que es y otro
es el que le representa;
y así a dos luces, pues basta
que en algo se le parezca,
es fuerza dejarlo a que
quien lo entendiere lo entienda.

REY:

Un hijo tengo, tan hijo
mío en todo que la idea
de mi cariño sin duda
continuamente le engendra.
Tanto en él me complací
y él en mí, que la unión nuestra
produce un amor de entrambos
que nos hace de manera
tan uno a los tres, que somos
en la igualdad de la ciencia,
del poder y del amor
tres personas y una esencia,
propiedades que me mueven
a que de nuestra grandeza
participe honores cuanto
en esta inferior esfera
el sol ilumina a rayos
y el mar a piélagos cerca.

REY:

Determino darle estado
y para que resplandezca
en la elección de la esposa
más mi amorosa clemencia
ha de ser la Sunamitis,
que aunque en la versión hebrea
se interpreta «la que duerme»,
también mudada una letra
que por Sunamitis diga
Sulamitis, se interpreta
«la perfecta», conque a un tiempo
conviene en entrambas señas
en naturaleza humana,
pues en achaques envuelta
yace bien como dormida,
que es no estar viva ni muerta,
pues muerta para la gracia
vive capaz de tenerla
el día que con mi hijo
se despose, de manera
que de sus joyas dotada
vendrá a quedar tan perfecta
que a las dos luces que dije
la naturaleza y ella
no habrá quien dude que son
por hoy una cosa mesma.

REY:

Para la celebridad
desta real boda quisiera
de mi poder ostentando
la grande magnificencia
hacer partícipe a todo
el mundo y que en él no hubiera
desde la zona que abrasa
hasta el trópico que yela
término en que no sonasen
de mi majestad las nuevas.

REY:

Un espléndido banquete
a este efecto, en una cena
solicito hacer a cuantos
de mí convidados vengan
sin excepción de personas,
pues antes las más ajenas
y más remotas serán
de mi mayor complacencia,
como vengan para que
sentarse con mi hijo puedan
con las túnicas nupciales
vestidos de gala y fiesta,
y así a valerme de ti
te invoco para que seas
(pues texto habrá que lo diga)
tú la que pongas las mesas,
mezcles el vino y inmoles
las víctimas para ellas
enviando a tus ancilas,
divinas virtudes bellas
que te asisten, a que hagan

REY:

(pues no repugna el que sea
tu familia mi familia)
con sus dulces voces tiernas
público el banquete a cuantos
en sus ámbitos contenga
hoy el orbe; pues es cierto
que el congregar sus diversas
gentes es propia acción tuya,
pues entre las excelencias
que más te adornan y ilustran
dijiste tú de ti mesma
ser tus delicias, tus juegos,
tus júbilos y tus fiestas
el conversar con los hijos
de los hombres. Y porque esta
congregación tras sí traiga
las repúblicas enteras,
siendo los reyes los que hacen
al pueblo las consecuencias,
conviden reyes, monarcas,
príncipes y jueces, tenga
este cumplimiento más
tu gran ser, pues cosa es cierta
que como súbditos tuyos
unos y otros te obedezcan,
pues por ti las leyes juzgan
y por ti los reyes reinan.

SABIDURÍA:

Si es asentado principio
en todas divinas letras
(de parábolas lo diga
la sacra página llena)
que lo invisible no es
posible que se comprehenda
y solo para rastrearlo
da a lo visible licencia
de que en ejemplos visibles
lo no visible se entienda,
y es este hoy tu asumpto ¿cómo
puedo excusarme a que sea
de mí admitido, y más cuando
es recebida sentencia
que el que me busque me halle,
que al que me pida conceda
y que mis puertas le abra
al que llamare a mis puertas?

SABIDURÍA:

Y así en fe de que tú fiel
me buscas, llamas y ruegas
y de que yo te respondo
prompta, liberal y atenta,
las cuatro partes del mundo
oirán en sus cuatro esferas
en voz de cuatro virtudes
las felicísimas nuevas
de que tu hijo se humana
a admitir en sí a la bella
Sulamitis por esposa,
y porque las más adversas
gentes viendo en tanto honor
su misma naturaleza
a gozarse en su ventura,
como tu dijiste, vengan
a tu boda y tu convite,
las nupciales ropas puestas.

SABIDURÍA:

La Fe, primer fundamento
de todo, irá a la desierta
Libia del África donde
aún más fiera que sus fieras,
aún más que sus brutos bruto,
el bárbaro Ateísmo niega
haber más causa de causas
que el acaso, que halló hechas
las dos fábricas hermosas
de los cielos y la tierra
con gentes, aves y plantas,
flores, sol, luna y estrellas,
que es justo que al que de Dios
el primer principio yerra
vaya la Fe que no tiene
a efecto de que la tenga.

SABIDURÍA:

A la América, que hoy yace
remotamente encubierta
hasta venideros siglos,
donde torpemente ciega
domina la Idolatría,
tanto al Ateísmo opuesta,
que cuando ignora él un dios
adora infinitos ella,
adelantando aquel paso
que hay de que uno nada crea
y otro más que debe, puesto
que ya a lo menos confiesa
en su falsa adoración
que hay dioses de quien dependa,
la Caridad irá, a fin
de que su amor, su clemencia,
arguyéndole en la falsa,
le instruya en la verdadera,
pues es de la Caridad
hacer que el que ignora aprenda.

SABIDURÍA:

Al Asia en que el Hebraísmo
sus repúblicas gobierna,
y adelantando otro paso
confiesa, adora y venera
solo un verdadero dios
cuya suma omnipotencia,
criador, rey, señor y dueño,
venera, adora y confiesa,
cuyo hijo prometido
en la ley de los profetas
espera que ha de venir
y desconoce al que espera,
pues que le niega humanado,
irá la Esperanza mesma
al desengaño de que
ya no hay para qué la tenga.

SABIDURÍA:

A la Europa, no en común,
porque la Europa conserva
católicos reyes ya
convidados, sino a aquellas
provincias del norte a quien
aunque a la verdad se acercan
adelantando otro paso,
con falsos dogmas infesta
la traidora Apostasía,
forajida de la Iglesia,
pues creyéndole humanado
sacramentado le niega,
irá la Misericordia,
piadosa deidad, que ruega
con la paz a quien la culpa
detestare con la enmienda.

SABIDURÍA:

Conque en tanto que las cuatro
generosamente vuelan
con las alas de las plumas
de aquella águila suprema
que hito a hito y rayo a rayo
se examina y se renueva,
bebiendo al sol de justicia
el rico Ofir de sus ciencias,
las mesas pondré y el vino
mezclaré, uniendo en su mezcla
el mosto de aquel racimo
que dio en primicias la tierra
de promisión a Caleb,
con el que puso en su ofrenda
Melchisedech a Abraham,
y para mayores señas
deste místico sentido
el sacro pan que presenta
a la hambre de David,
de Aquimelech la clemencia,
mezclaré con el que en campos
de Belén la espigadera
Ruth amasó en sus espigas,

SABIDURÍA:

y para que a todo sepan
serán las demás viandas
del blanco maná compuestas
que dieron las nubes cuando
cuajados montes y selvas
fueron mantel, y manjar
dulce grano en nieve tersa,
y, en fin, porque satisfechos
todos a su patria vuelvan
será el cordero legal
viático que les dé fuerzas
para el último camino.
Y pues ya a mi cargo quedan
mesas, pan, vino y cordero
y a de mis ancilas bellas
llamar a los convidados,
parte tú a que se prevengan
las vistas para la esposa,
porque con tus dones pueda,
pues naturaleza humana
Sulamitis se interpreta,
salir sin temor a vistas
la humana naturaleza.

REY:

No en vano, sacra deidad,
consultó mi providencia
estas bodas con tu amor,
pues ya concurren en ellas
con un mismo acuerdo en mí,
el poder que las celebra,
la obra en ti que las dispone
y en mi hijo la obediencia.
Y así a anunciar la que halló
gracia en mis ojos, la nueva
llevará un valido mío
cuyo nombre es Fortaleza,
para que no temerosa
pase de mísera a reina.
(Vase.)

FE:

También no en vano en nosotras
concurre a esta unión, atentas,
el honor de que ganemos
dándole la norabuena
las albricias con el mundo.

ESPERANZA:

Estancia no habrá en su esfera
en que tan altas noticias
no se oigan.

MISERICORDIA:

Ni gente en ella
que alegar pueda ignorancia.

CARIDAD:

¿Qué mucho si es tu obediencia
nuestro mayor lauro?

SABIDURÍA:

Pues porque el tiempo no se pierda
partid mientras yo prevengo
el maná para la mesa,
el racimo para el vino,
la espiga para la oblea,
para el viático el cordero
y el ara para la ofrenda.

(Vase.)
ESPERANZA:

Ya que es fuerza dividirnos
y que a la agilidad nuestra
no se da lugar ni tiempo
ni distancia que no venza,
empiece la invocación
desde aquí para que atiendan
los climas adonde vamos.

(Cantado cada una en su carro.)
LAS 3:

¿Cómo?

ESPERANZA:

De aquesta manera.
¡Ah de la abundante Asia!

FE:

¡Ah del África desierta!

CARIDAD:

¡Ah de la América ignota!

MISERICORDIA:

¡Ah de la Europa opulenta!

ESPERANZA:

Hebreo que la dominas...

CARIDAD:

Idólatra que la reinas...

FE:

Ateísmo que la vicias...

MISERICORDIA:

Apóstata que la infestas...

LAS 4:

¡Albricias, albricias!

(Dentro HEBRAÍSMO, ATEÍSMO, IDOLATRÍA y APOSTASÍA, cada uno en su carro.)
LOS 4:

¿De qué alegres nuevas?

LAS 4:

De que ya la esclava
se corona reina.

ESPERANZA:

(Canta.)
Albricias, albricias,
que a sus bodas regias
previene el rey una
espléndida cena.

CARIDAD:

(Canta.)
Albricias, albricias,
que han de entrar en ella
cuantos con nupciales
vestiduras vengan.

MISERICORDIA:

(Canta.)
Albricias, albricias,
que no habrá en su mesa
manjar que divino
misterio no tenga.

FE:

(Canta.)
Albricias, albricias,
y pues su grandeza
a todos convida
de gala y de fiesta...

LAS 4:

(Cantan.)
Alégrese toda
la naturaleza
sonando al compás
de las voces nuestras,
el ave en la rama,
el bruto en la peña,
el aire en el monte,
el cristal en la selva.

LOS 4:

¿«Albricias, albricias»?
¿De qué alegres nuevas?

LAS 4:

De que ya la esclava
se corona reina.

(Con esta repetición se entran las cuatro y salen, cada uno de su carro, el ATEÍSMO vestido de pieles, el HEBRAÍSMO de judío, la IDOLATRÍA de indio y la APOSTASÍA de soldado, y todos como oyendo a lo lejos la música.)
LOS 4:

¿«De que ya la esclava
se corona reina»?

HEBRAÍSMO:

¿Qué reina o qué esclava
puede ser aquella
por quien estas voces
publican que excelsa...

ÉL Y MÚSICA:

(Dentro.)
...previene el rey una
espléndida cena?

IDOLATRÍA:

¿A qué efecto el eco
convocar intenta...

ÉL Y MÚSICA:

...cuantos con nupciales
vestiduras vengan?

APOSTASÍA:

¿A qué fin el aire
puede ser que ofrezca...

ÉL Y MÚSICA:

...manjar que divino
misterio no tenga?

ATEÍSMO:

Qué poco me aflige
oír que voz nueva...

ÉL Y MÚSICA:

a todos convide
de gala y de fiesta.

LOS 4:

Que nada entendemos
por más que resuenan...

TODOS Y MÚSICA:

...el ave en la rama,
el bruto en la peña,
el eco en el monte,
el cristal en la selva.

APOSTASÍA:

Hebraísmo.

HEBRAÍSMO:

¿Quién me llama?

APOSTASÍA:

Quien de ti saber desea,
puesto que la fantasía
de retóricas licencias
da voz a lo inanimado,
en cuya prosopopeya
las más lejanas distancias
la imaginación abrevia,
¿qué música es la que en todo
el ámbito de la tierra
hoy se ha escuchado?

HEBRAÍSMO:

Si hubiesen
cumplido cómputo y cuenta
las semanas de Daniel,
tan universal materia
que sus albricias se extienden
a todo el orbe dijera
ser armoniosa salva
que hace el cielo y la tierra
al Mesías que yo aguardo.

APOSTASÍA:

Para mí esa no es respuesta
cuando yo sé que ha venido,
bien que en parte me hacen fuerza
algunas proposiciones
que no es posible que entienda
ni alcance mi ingenio.

IDOLATRÍA:

No fuera de ambos conveniencia,
ya que no bien avenidos
os tienen las leyes vuestras,
reduciros a la mía
creyendo que de su esfera
alguna deidad de tantas
como yo adoro descienda
a solazarse en los Campos
Elíseos, cuyas amenas
márgenes son sus delicias.

LOS 2:

¡Qué proposición tan fuera
de la natural razón!

ATEÍSMO:

No están más dentro las vuestras;
¿qué dios, Hebraísmo, puede
ser el que ha tanto que esperas?
¿Qué dios puede, Idolatría,
ser el que diviso tenga
su imperio con otros dioses?
¿Ni qué dios al que tú niegas,
fugitiva Apostasía,
de su gremio la obediencia
que ya le juraste? Y siendo
así, que en uno la espera,
que la multiplicidad
en otro, en otro las ciegas
cuestiones de sus misterios
os traen discordes ¿no fuera
mejor por el real camino
pisar la anchurosa senda
no creyendo más dios que
la natural providencia
de las cosas que se hicieron
ellas solas por sí mesmas?

HEBRAÍSMO:

Por sí solas ¿cómo pudo
aquella prima materia,
a quien los profetas llaman
nada y caos los poetas,
disponerse por sí sola?

APOSTASÍA:

Unas obras tan supremas
sin criador ¿cómo podrían
por sí hacerse?

IDOLATRÍA:

Y si no hubiera
dioses que las asistiesen,
criadas ya, ¿cómo pudieran
conservarse por sí solas?

ATEÍSMO:

Yo no entiendo de materias
primas, ni segundas; solo
sé, sin fatigar la idea
ni atormentar el discurso,
que esas obras por inmensas
y prodigiosas que son
ahí nos las hallamos hechas
y ahí habemos de dejarlas
habiendo gozado dellas,
siendo mi vientre mi dios,
lo que coma y lo que beba
dure o no dure la vida;
pues no hay más gloria ni pena
que nacer y morir.

HEBRAÍSMO:

¡Calla loco!

APOSTASÍA:

¡Suspende la lengua, bárbaro!

IDOLATRÍA:

Detén la voz
hombre indigno de que seas
racional.

HEBRAÍSMO:

No es racional
hombre el que el principio niega
a un dios, causa de las causas,
sino otra especie diversa
de insensatos racionales,
por quien dijo David que eran
los que allá en su corazón
con insipiente torpeza
dijeron que no había Dios.

APOSTASÍA:

¿Y qué mayor evidencia
de que le hay que el haber quien
lo que dijiste supiera
tú a tu corazón? Y puesto
que al que los principios yerra
no se le debe argüir
dejémosle entre las breñas
de su desierta ignorancia
para fiera de sus fieras.

IDOLATRÍA:

Para bruto de sus brutos.

HEBRAÍSMO:

Para bestia de sus bestias.

APOSTASÍA:

Y cobrando cada cual
de nosotros la vereda
de su patria a inquirir vaya
lo que se ha inferido en ella
acerca de aquellas voces
y a participarlo venga
a los demás.

HEBRAÍSMO:

Dices bien,
pues de nuestra conferencia
sacaremos qué debemos
hacer cuando a decir vuelvan...

TODOS Y MÚSICA:

Alégrese toda
la naturaleza
siguiendo el compás
de las voces nuestras,
el ave en la rama,
el bruto en la peña,
el aire en el monte,
el cristal en la selva.
(Con esta repetición se van los tres.)

ATEÍSMO:

Qué contentos van de ver
cuán baldonado me dejan,
como si a mí se me diese
nada de honores ni afrentas,
dos inútiles alhajas
tan neciamente molestas
que no tenidas no faltan
y tenidas no aprovechan.
Viva yo y viva a mi gusto
sin que nada me entristezca
ni me alboroce: no mal
lo diga la poca pena
que me da el ir a saber
qué nuevas aves son estas
que a mí me cansa el oírlas
cuando ellos mueren por verlas.
O hablan conmigo o no hablan;
si hablan a buscarme vengan
y si no ¿para qué tengo
de irme yo a cansar tras ellas?
Y así gozando el solaz
de mi poltrona pereza
esperaré qué me digan
si conmigo hablar intentan.

(Sale la FE cantando.)
FE:

Ignorante Ateísmo,
que ídolo de ti mismo
tu vientre solo adoras,
oye la voz de la verdad que ignoras.

ATEÍSMO:

¿Quién eres, huéspeda extraña
destas líbicas riberas,
que hasta hoy en ellas no vi?

FE:

(Canta.)
No he entrado yo hasta hoy en ella,
que al ver cuán perezosa
tu ignorancia reposa
en su bárbaro olvido
creyendo más al gusto que al oído
y que habiendo escuchado
mi voz tan sin cuidado
yaces hasta esta parte
por no buscarme tú vengo a buscarte.

ATEÍSMO:

Pues qué quieres y quién eres
otra vez a dudar vuelva
y otras mil, ¡oh tú!, que traes
significándote ciega
para tiento de tus pasos
el báculo que te adiestra
y en lo dulce de tu voz,
lo raro de tu belleza,
lo no usado de tu traje,
tanto me admiras y elevas
que si creyera que había
deidad serlo tú creyera.

FE:

(Canta.)
La Fe, que no conoces,
soy, y lo que mis voces
quieren de ti es que vengas
donde las luces de tus nieblas tengas.
El rey que en cuanto encierra
en sus orbes la tierra
manda, impera y domina,
desposar a su hijo determina
con la rara hermosura
de Sulamitis pura,
que a lo que se interpreta
duerme achacosa a despertar perfecta.
A esta felice boda
en una cena a toda
la redondez convida
del orbe, en cuya espléndida comida
no hay manjar que no sea
misterio en que se vea
cuánto tus dichas ama,
pues a gozarlos con su Fe te llama,
y si vienes conmigo
creyendo lo que digo,
la gran magnificencia
verás de su poder, amor y ciencia.

ATEÍSMO:

¿Qué ciencia, ni qué poder
ni qué amor habrá que pueda
desacomodarme a mí?
¿Yo ir a sentarme a otra mesa?
¿Pues qué me falta en la mía?
Y más sobre ser ajena
de rey a quien no conozco,
puesto que en cielo ni en tierra
sé de más rey ni más dios
que el que en mi estómago reina.
Decirme que en sus viandas
altos misterios se encierran
no me mueve; que no sé
que haya más misterio en ellas
que las que mejor me saben
y las que más me sustentan.

ATEÍSMO:

Y porque veas que solo
trato que fértiles crezcan
voy a probar unas yuntas
que he comprado porque ofrezcan
cultivadas mis campañas
más abundantes cosechas
para mi regalo. Esto
a ese rey, sea quien sea,
de mi parte le dirás
y no esperes más respuesta
de mí ni en esta me arguyas
porque yo no sé más ciencias,
ni más poder, ni amor que
vivir sin freno ni rienda
hoy para morir mañana,
y lo que viniere venga.
(Vase.)

FE:

(Canta.)
¡Ay de opinión tan ciega
que aun los principios a la Fe le niega!
(Representa.)
Y ya que yo desairada
a los ojos del rey vuelva,
pues mi vista los espacios
más apartados penetra,
consuéleme el esperar
que la Caridad, que llega
a hablar con la Idolatría,
diciéndole le convenza.

(Salen la IDOLATRÍA y la CARIDAD.)
CARIDAD:

(Canta.)
A las bodas que digo,
este gran rey conmigo,
gentil Idolatría,
benignamente a convidarte envía,
y no en vano, que siendo
su Caridad transciendo
por aliviar pesares
cumbres de montes, páramos de mares.
De mi empresa lo diga
en una y otra espiga
contra común desgracia
ser el pan Caridad que da la gracia,
y así en tu busca vengo
adonde te prevengo
no faltes a una mesa
en que honor, vida y alma se interesa,
pues está en un bocado
todo el poder cifrado
del solo dios que adoro y...

IDOLATRÍA:

No prosigas;
ni un solo dios en mis imperios digas.
Si yo con treinta mil dioses
aun no tengo hartos que puedan
acudir a tantas cosas
como la humana miseria
necesita ¿cómo quieres
que imagine ni que crea
que a este rey basta un dios que
cuidado de todo tenga?
Pero por la urbanidad
de ver que de mí se acuerda
le dirás que a otra ocasión
quizá le veré, que en esta
no puedo; porque ocupado
en las víctimas y ofrendas
de mis ídolos estoy
y no es bien faltar a ellas
por ir a su real convite,
por liberal que me ofrezca
la Caridad de su pan
viandas que no he de creerlas.

(Vase.)
CARIDAD:

(Canta.)
¡Ay de opinión tan ciega
donde a mover la Caridad no llega!
(Representa.)
¿Tú aquí, Fe?

FE:

¿Dónde estarás
tú con dolor que no venga
yo a acompañarte? Creyendo
consolarme en la tristeza
de verme del Ateísmo
despedida, quise cuerda
ver en tu triunfo mi alivio;
pero en vano, pues no acepta
el idólatra tampoco
el convite.

CARIDAD:

Mi propuesta
por ir a los sacrificios
de falsos dioses desprecia.

FE:

Pues ya que las dos volvemos
con desabridas respuestas
veamos si la siempre afable
Misericordia consuela
nuestro llanto reduciendo
a la negada obediencia
a la Apostasía.

CARIDAD:

Atendamos
desde aquí.

(Salen la APOSTASÍA y la MISERICORDIA.)
APOSTASÍA:

¿A qué fin intentas,
Misericordia, decirme
que con Sulamitis bella
el príncipe se desposa?
¿Niego yo el lazo de aquesa
hipostática unión?

MISERICORDIA:

No; mas sobre eso es bien que atiendas.
(Canta.)
Si habiendo tú llegado
a creer que humanado
con celestial aviso
la admite, porque pudo, supo y quiso
ilustrar la bajeza
de la naturaleza
¿para qué te rehúsas
y ir de su boda al real banquete excusas?
Y si haber por tu daño
huido de su rebaño
es lo que te acobarda,
mira que yo te llamo y él te aguarda.
No temas su castigo;
seguro vas conmigo,
pues para eso, no esquiva,
símbolo de la paz es esta oliva.

MISERICORDIA:

No a la voz tu discordia
de su misericordia
se niegue, pues indicio
es mi llanto de ser santo el oficio
que te llama a una cena
de tantas gracias llena.
Ven, pues por darte vida
con la Misericordia te convida.

APOSTASÍA:

Yo fuera, Misericordia,
contigo si no me hicieran
repugnancia los misterios
que de sus manjares cuentan.
¿Yo he de creer que su vino
y pan, contra lo que vea,
contra lo que toque y oiga,
lo que guste y lo que huela,
no es pan ni vino, sino
carne y sangre? ¡Qué propuesta
tan dura!

FE:

No es, si la Fe
aunque despedida venga
de otro error, en este se halla
obligada a la respuesta.

APOSTASÍA:

¿Qué respuesta?

FE:

La que dice
que por el oído sea
cautivo el entendimiento.

APOSTASÍA:

Pues ¿por qué quieres que tenga
cautivo al que nació libre?

CARIDAD:

Por la Caridad, que en prendas
de su amor fue a prevenir
que le pusiese la mesa
la Sabiduría.

APOSTASÍA:

¿Y me basta
que mezcle las viandas ella
para ser carne el pan?

CARIDAD:

Sí; que a la Sabiduría eterna
que hizo de la nada el todo
más fácil le es que hacer pueda
de una cosa otra, pues menos
es transubstanciar la hecha
que hacerla y transubstanciarla.

APOSTASÍA:

Ni es tiempo ni ocasión ésta
para teólogas cuestiones;
y así, atajando contiendas,
di a ese rey, Misericordia,
por excusado me tenga,
que más le sirvo en no ir
que en ir, pues fuera, si fuera,
a derramar sus solaces
más que a creer sus excelencias.
(Vase.)

MISERICORDIA:

(Canta.)
¡Ay de opinión tan ciega
que huye a Misericordia que le ruega!

CARIDAD:

¿En fin, las tres tres ultrajes
llevamos de tres opuestas
réprobas naciones?

FE:

Sola
una esperanza nos queda
a que poder apelar.

LAS 2:

¿Cuál es?

FE:

La Esperanza mesma.

LAS 2:

¿Cómo?

FE:

Atendiendo las tres
(pues aunque a decirlo vuelva,
en nosotras no hay distancia)
a lo que el Hebraísmo y ella
confieren, pues es de todas
el lauro de que una venza.

LAS 2:

Dices bien, y así las tres
oigamos desde aquí atentas.

(Salen la ESPERANZA y el HEBRAÍSMO.)
ESPERANZA:

(Canta.)
Aquel rey soberano,
cuyo hijo es tan humano
que amante de la hermosa
Sulamitis con ella se desposa,
en oblación festiva
de que en sí la reciba
despertando exaltada
de esclava humilde a reina coronada,
ha dispuesto un convite
tan general que admite
a cuantos acrisola
de la veste nupcial cándida estola.
La gran Sabiduría
a ti a este fin me envía
por si contigo alcanza
más mi voz.

HEBRAÍSMO:

¿Pues quién eres?

ESPERANZA:

La Esperanza.

HEBRAÍSMO:

Dices bien, porque no hay cosa
que yo más estime y quiera
que la Esperanza en que vivo
de que el prometido venga
a visitar a su pueblo
cumpliéndole la promesa
que en sombras dio hasta aquí a tantos
patriarcas y profetas.
Dime pues cuándo será
el día que las nubes lluevan
el rocío que cuajó
la no manchada piel tersa
de Gedeón; cuándo el día
que abra sus senos la tierra
y produzga al Salvador;
cuándo en blanda lluvia envuelta
neutral sabor de viandas
cuajará el maná las selvas;
y cuándo el legal cordero
de la servidumbre nuestra
celebrará en libertad
del parasceve la fiesta,
que pues la Sabiduría
te envía a mí ¿quién duda sepa
que se me acerca el día, pues
la Esperanza se me acerca?

ESPERANZA:

(Canta.)
No solo sabe el día
la alta Sabiduría
que ese candor divino
vendrá, pero también sabe el que vino.
Esta áncora lo diga
que a la humana fatiga
muestra que, ya en bonanza
el mar, llegó a su puerto la Esperanza,
y dígalo el banquete
en que el rey te promete,
benignamente pío,
cordero, piel, maná, nube y rocío.
Ven, pues, ven a la mesa
en que ya su promesa
cumplida está, pues halla
posesión la Esperanza y...

HEBRAÍSMO:

Calla, calla,
que aunque pudiera argüirte
en los compuestos que yerras
no lo he de hacer, sino solo
en la sujeta materia
de hoy. Siendo tú la Esperanza
que yo firmemente puesta
tengo en mis profetas ¿cómo
ir contigo me aconsejas
a no tenerte a ti allá,
pues ya posesión, opuestas
razones serán que vaya
contigo a que no te tenga?

ESPERANZA:

La Esperanza, teologal
virtud, aun cumplida queda
esperanza, que una cosa
es que para el hombre muera
cuando en posesión le pone
de alguna dicha que espera,
y otra es que deje de ser
Esperanza pues le deja
cabal la acción en la humana
vida a que espere la eterna.
Y así pues siempre Esperanza
me has de ver, aunque me veas
allá posesión, no en vano
vengo a que conmigo vengas.

HEBRAÍSMO:

No haré tal, que por mejor
tengo que para mí seas
hoy cierta esperanza aquí
que allá posesión incierta.
Que si yo no he de creer
ni el misterio de esa cena,
ni de esa boda la unión,
ni dar lugar a que sientan
los romanos que yo he dado
a intruso rey obediencia,
mejor será que te quedes
tú conmigo, donde vea
el mundo que el hebraísmo
con la esperanza se queda,
y que el no llevar ninguna
es su más cortés respuesta.

ESPERANZA:

¿Contigo a ser Esperanza
vana? Huiré de ti.

HEBRAÍSMO:

Por fuerza te tendré.

(Huye dél y atraviésase la FE.)
FE:

No harás.

HEBRAÍSMO:

¿Por qué?

FE:

Porque estoy yo en su defensa.

(Luchan los dos.)
HEBRAÍSMO:

Poca defensa es la tuya.

FE:

Mira que a la Fe atropellas.

HEBRAÍSMO:

Vaya yo tras mi Esperanza
y mas que la Fe se pierda.

(Apártala y atraviésase la CARIDAD.)
CARIDAD:

Al paso la Caridad
también saldrá a defenderla.

(Luchan los dos.)
HEBRAÍSMO:

Todo soy ira, no hay
Caridad que me detenga.

(Apártala y atraviésase la MISERICORDIA.)
MISERICORDIA:

Pues haya Misericordia
que tus furores suspenda.

(Luchan.)
(Apártala y da con la ESPERANZA.)
HEBRAÍSMO:

Quita también.

MISERICORDIA:

Mira que en mí tu perdón arriesgas.

HEBRAÍSMO:

Quede yo con la Esperanza
sin que de vista la pierda
que el perdón con él vendrá
cuando el que yo espero venga
ya en mi poder.

ESPERANZA:

¡Ay de mí!

HEBRAÍSMO:

Sin que haya Fe que me mueva,
Caridad que me obste, ni
Misericordia que tema
estás; y así bien podéis
volver todas, sin que vuelva
la Esperanza con vosotras.

FE:

Forzoso es volver sin ella
el día que sin esperanza
vamos de que te arrepientas
y forzoso pues en ti
convienen las tres respuestas
por ti ir diciendo: ¡Ay de opinión tan ciega!

LAS 2:

¡Ay de opinión tan ciega!

FE:

Que los principios a la Fe le niega.

(Vase.)
CARIDAD:

Donde a mover la Caridad no llega.

(Vase.)
MISERICORDIA:

Que huye a Misericordia que le ruega.
(Vase.)
(Cantan dentro, midiendo la repetición con la MÚSICA, de suerte que acaben todos juntos.)

HEBRAÍSMO:

Lloren, y ven tú conmigo.

ESPERANZA:

Cielos, sol, luna y estrellas,
aire, agua, tierra, fuego,
luces, aves, peces, fieras,
fuentes, flores, troncos, riscos,
montes, mares, golfos, selvas,
sedme testigos de que
si la Esperanza se queda
en poder del Hebraísmo
es dividida en sí mesma,
como Esperanza forzada
y como virtud violenta.

HEBRAÍSMO:

Ven por más que aquí sus voces
repitan...

ESPERANZA:

Y yo con ellas...

MÚSICA Y TODOS:

¡Ay de opinión tan ciega,
que los principios a la Fe le niega,
donde a mover la Caridad no llega,
que huye a Misericordia que le ruega!

(Vanse los dos. Las chirimías, y ábrese un carro cuya fachada será una escala que caiga sobre el tablado y vese dentro un trono en cuya eminencia estará sentada SULAMITIS como dormida, y en sus gradas el APETITO, de villano ciego; la LASCIVIA, de pobre mendigo; la PEREZA, de leproso llagado y la CODICIA, de hidrópico galán. Y adviértase que al respaldo del trono ha de haber compartimiento que sirva de vestuario para entrar y salir estas personas, y una nube en que a su tiempo ha de venir en bofetón un ángel.)
SULAMITIS:

Qué mal descansa el dolor;
pero si de ansias cercada
los ojos no pongo en nada
que no me cause temor
¿qué mucho (¡ay de mí!) que incierta
del remedio de mi vida,
soñando penas dormida
halle desdichas despierta?
Allí el ciego me lastima,
que a no ver la luz nació;
allí el leproso que dio
a cuantos le miran grima;
allí el mendigo llorando
cansancio, hambre y desnudez,
tal vez pidiendo y tal vez
pidiendo y importunando;
el hidrópico sediento
también allí me enternece;
todo, en fin, cuanto se ofrece
a mi vista es sentimiento,
llanto, aflicción y tristeza.
Alerta, mortal, pues ves
cuán pobre familia es
la de la naturaleza.

APETITO:

Dígalo yo que nací
en estrella tan impía
que habiendo para otros día
solo hay noche para mí
siempre apeteciendo ver.

SULAMITIS:

Consuélete que si vieras
más qué apetecer tuvieras.

APETITO:

¿Qué había de apetecer
más de lo que ahora apetezco?,
pues no viera mi destino
tanto como yo imagino
y dello y del ver carezco;
con que es fuerza que privado
uno y otro apeteciendo
haya de vivir muriendo.

LEPROSO:

Si trocáramos estado
quizá a ser ciego volvieras
viendo que es pena mayor
la de un continuo dolor.

SULAMITIS:

También tú convalecieras
dél si el remedio buscaras.

LEPROSO:

¿Cómo, si el dolor que paso
no me deja dar un paso?

LASCIVIA:

Aunque ambas son penas raras
más infelice es mi hado.

APETITO:

¿Más que el ciego?

PEREZA:

¿Que el leproso?

LASCIVIA:

Sí, que me he visto dichoso
para verme desdichado.

AVARICIA:

¿Qué dicha pudo tener
para llegarlo a sentir
quien no llegó a conseguir
de todo el orbe el poder?
Rico soy y mi deseo
sediento me tiene tanto
que le hace falta a mi llanto
todo lo que no poseo;
quizá con ello aliviara
viendo que era hacienda mía
la sed de mi hidropesía.

SULAMITIS:

Quizá también se aumentara
más teniendo más tu anhelo,
y así consolaos, amigos,
que todos somos mendigos
de las limosnas del cielo
y él se dolerá de mí
viendo que lo mismo es ver
padecer que padecer.

APETITO:

No es consuelo, siendo así
que voy siempre apeteciendo
cuanto voy imaginando.

(Yéndose.)
LASCIVIA:

Ni para mí, que voy dando
molestia, pues voy pidiendo.
(Yéndose.)

PEREZA:

Ni para mí, que no muevo
hacia mi remedio el paso.

(Yéndose.)
AVARICIA:

Ni para mí, que me abraso
más de sed mientras más bebo.

(Yéndose.)
APETITO:

Con que mi ansia...

PEREZA:

Mi torpeza...

LASCIVIA:

Mi desdicha...

AVARICIA:

Mi interés...

LOS 4:

Dirá en continua tristeza
cuán pobre familia es
la de la naturaleza.
(Vanse.)

SULAMITIS:

Y aún no es eso en mi piedad
lo más que es fuerza que sienta,
sino lo que representa
una y otra enfermedad
cuando en repetida calma
pasa la imaginación
a que los del cuerpo son
también achaques del alma.
Desde aquel primer delito
de cuyo accidente muero
se me semeja el primero
en el ciego el Apetito.
Deste contagio impedido,
paralítico el leproso,
me semeja al perezoso
en su culpa envejecido.
El lascivo en el mendigo
que pródigo abandonó
su patrimonio y labró
de su culpa su castigo.

SULAMITIS:

El vicio de la codicia
no le aplico, porque ya
en el hidrópico está
entendida la avaricia.
Luego...¿mas qué intento si es
proceder en infinito
el dar a cada delito
alusión de achaque, pues
sacra pluma habrá que diga
cuán maligna fiebre son
la soberbia, la ambición,
la ira y la envidia enemiga
de cualquier humano bien?
Y pues todo es pensión mía
¿cuándo, Señor, será el día De rodillas
que tus auxilios me den
méritos que de ti espero?
¿Habrá alivio para mí
y para mis pobres?

(La FORTALEZA de ángel en la nube.)
MÚSICA:

(Dentro.)
Sí.

SULAMITIS:

¿Cuándo?

FORTALEZA:

Cuando mensajero
del rey que en dos mundos reina
a quien Fortaleza ha dado
nombre, a tus plantas postrado
diga: Dios te salve, reina.

MÚSICA:

Dios te salve, reina.

SULAMITIS:

¿Reina yo?

FORTALEZA:

Sí; que elegida
del padre eres ¡oh especiosa
Sulamitis! para esposa
del hijo; y pues mi venida
es a anunciar la concordia
que ahuyenta males prolijos,
ven a ser de pobres hijos
madre de misericordia.

MÚSICA:

Madre de misericordia

FORTALEZA:

Socórreles tú, luz pura,
cuando en su solio te veas,
porque en cielo y tierra seas
de todos vida y dulzura.

MÚSICA:

Vida y dulzura.

FORTALEZA:

Pues en misteriosa muestra
de que aun al ángel prefieres,
siendo su esperanza eres
también esperanza nuestra.

MÚSICA:

Esperanza nuestra.

SULAMITIS:

Tu salutación dudando
estoy.

FORTALEZA:

¿Qué temes, si están
todos los hijos de Adán
por ti gimiendo y llorando?

MÚSICA:

Gimiendo y llorando.

FORTALEZA:

Diciendo porque te mueva
su voz: A ti suspiramos.

MÚSICA:

A ti suspiramos.

FORTALEZA:

Los que en este valle estamos.

MÚSICA:

Los que en este valle estamos.

FORTALEZA:

Desterrados hijos de Eva.

MÚSICA:

Desterrados hijos de Eva.

FORTALEZA:

A ampararlos te resuelve
pues piden menesterosos:
esos misericordiosos...

MÚSICA:

Esos misericordiosos...

FORTALEZA:

....ojos a nosotros vuelve.

MÚSICA:

Ojos a nosotros vuelve.

FORTALEZA:

Goce enmendado su yerro
patrocinios de tu aurora
en este destierro ahora
y después deste destierro...

MÚSICA:

Y después deste destierro.

FORTALEZA:

...haz que sus penas extrañas
en vez de mortal tributo
ofrezcan al cielo el fruto...

MÚSICA:

El fruto.

FORTALEZA:

...bendito de tus entrañas.

MÚSICA:

Bendito de tus entrañas.

SULAMITIS:

Si liberal y piadoso
viendo tu rey mi humildad
quiere con la majestad
de ser todo poderoso
hacerme grande, sus dones
tanto me enriquecerán
que beata me dirán
todas las generaciones.
Y pues tú su Fortaleza
te interpretas, soberano
paraninfo, en mí no en vano
inspirada la flaqueza
de mi baja humanidad
decir podrá sin temor:
esclava soy del Señor,
cúmplase su voluntad.

MÚSICA Y TODOS:

Esclava soy del Señor
cúmplase su voluntad.

(Desaparece el ÁNGEL y sale el PRÍNCIPE de galán.)
PRÍNCIPE:

Bien mi amorosa pasión
estuvo con suspensión
a ver que respuesta das,
porque ese mérito más
tenga tu resignación,
y ya, hermosa Sulamitis,
que envuelta en mortales ansias
dormida explicó la noche,
y que una letra mudada
entre celestes anuncios
perfecta te explica el alba,
ven a mis brazos, desciende
del Líbano, y pues las pardas
trémulas sombras pasaron
ya del invierno en que estaba
aterido a tus umbrales,
lleno sobre pobres pajas
el cabello de rocío,
temblando al yelo y la escarcha,

PRÍNCIPE:

ven donde la primavera
las verdes selvas esmalta
de azucenas y de rosas,
bien que para tu guirnalda
se pierden de color, pues
si a tus labios se comparan,
si a tus mejillas se oponen
matizadamente varias
en la competida mezcla
del ampo a un tiempo y el nácar,
son las unas nieve roja,
las otras púrpura blanca.
Ven, pues, ven que ya las viñas
florecen dando sus ramas
a la elección de tu mano
o a la huella de tu estampa,
ya en la fruta y ya en la flor,
por desvanecer en ambas
granos de oro, si las tocas,
si las pisas, esmeraldas.

PRÍNCIPE:

Las aves, flores y fuentes
batiendo al aire las alas,
moviendo al tronco las hojas,
rizando al cristal la plata,
son acordes instrumentos
en que el céfiro y el aura
dan a cítaras de pluma
cuerdas de oro y trastes de ámbar.
¿Qué esperas, pues? De la cumbre
desciende; la voz te llama
de amante esposo, que viendo
que de envidia el sol agravia
tu rosada tez, alfombras
tejiendo de flores varias,
de varias hojas doseles
para que burles la saña
de su ardiente siesta, a sombra
del terebinto te aguarda.

SULAMITIS:

Que de la cumbre descienda
al valle, príncipe mandas,
(Bajando al tablado.)
y siendo yo la que sube
y tú, señor, el que bajas
no sin misterio parece
que son acciones contrarias,
pues no puede haber esfera
más inferior ni más alta
que mis brazos para ti
ni para mí que tus plantas.

PRÍNCIPE:

LLega, ¿qué temes?

SULAMITIS:

A tanto favor, absorta y turbada,
caer temo.

(Hace que tropieza y él la recibe en los brazos.)
PRÍNCIPE:

No harás, que yo
te tendré antes que tú caigas.

SULAMITIS:

Eso es mostrar que del polvo
de la tierra me levantas.

PRÍNCIPE:

No es, que levantarte fuera,
Sulamitis soberana,
decir que te hallé caída,
que aunque es la verdad que estabas
envuelta en las propensiones
de naturaleza humana,
el día que para esposa
hallaste en mis ojos gracia,
hallé yo gracia en que no
caída, sino preservada,
a mí te unieses, porque
del polvo de Adán intacta,
ya que eres la toda hermosa
seas la toda sin mancha.

SULAMITIS:

¿Tantos favores, señor,
con una mísera esclava?

PRÍNCIPE:

Quien al soberbio derriba
también al humilde ensalza.
Ven, pues, que mi padre espera
en el soberano alcázar
de donde por ti me envía,
para que a su vista se hagan
las nupciales ceremonias
que su providencia sabia
previno con una cena
de tan sabrosas viandas
que han de alimentar no solo
las vidas, pero las almas.

SULAMITIS:

La mía te magnifique,
señor, por finezas tantas.

PRÍNCIPE:

Tú las mereces el día
que un cabello tuyo basta
para herirme el corazón.

SULAMITIS:

Tú con sola una palabra
para penetrar el mío.

PRÍNCIPE:

¿Mas qué mucho si en tu rara
beldad, ojos de paloma
en fuego de amor le abrasan?

SULAMITIS:

¿Mas qué mucho si contigo
no es eminente la palma
que en las cumbres de Sión
sobre las nubes se exalta?

PRÍNCIPE:

Lirio cercado de espinas
eres, a quien hacen guarda
porque venenosas sierpes
no entren a morder su planta.

SULAMITIS:

Tú el haz de mirra que llena
el orbe con sus fragrancias.

PRÍNCIPE:

Toda es perfecta mi esposa;
en ella no se halló falta.

SULAMITIS:

¡Qué no merecida dicha,
pues todo es mi amante gala!

PRÍNCIPE:

¡Ah del palacio, que sobre
siete colunas descansa,
en fe de que siete son
las fundamentales basas
en que su fábrica estriba!

MÚSICA:

(Dentro.)
¿Quién a sus umbrales llama?

PRÍNCIPE:

Vuestro príncipe, que vuelve
glorioso de la campaña,
pues vuelve de amor vencido
vencedor de su esperanza.
Abrid las puertas, levad
los puentes, y haciendo salva
a la nueva aurora vuestra,
entonad en su alabanza
los cánticos, que nupciales
epitalamios se cantan
en las reales bodas.

(Sale el REY.)
REY:

No los apresures, aguarda;
que aunque viendo a Sulamitis
a estos umbrales con tanta
gracia...

SULAMITIS:

Eso solo conceda
que a quien el mérito falta
preciso es que sea, señor,
todo cuanto adquiere gracia.

REY:

Alza del suelo, que aunque
vuelvo a decir del alcázar
viéndote a ti a sus umbrales
a darte los brazos salga,
aún no ha llegado la hora
de que empiecen las usadas
ceremonias con el fausto
que conviene.

PRÍNCIPE:

¿Pues qué falta?

REY:

Que vengan los convidados
con quien has de celebrarlas
sentándolos a tu mesa
para que gozosos vayan
y honrados con tus favores;
presto vendrán, que ya tardan.

(Salen la SABIDURÍA, la FE, la CARIDAD y la MISERICORDIA.)
SABIDURÍA:

No tardan, que malas nuevas
siempre, señor, se adelantan;
pues cuando mezclado el vino,
las víctimas inmoladas,
ázimo el pan y el cordero
entre lechugas amargas
están, no hay para quién sean.
Las virtudes que enviadas
fueron al mundo dél vuelven
despedidas.

REY:

¿Pues qué os pasa?

FE:

Que en África el Ateísmo,
tenaz en su pertinacia,
por acudir de Epicuro
solamente a la labranza
de sus manjares, no admite
de la Fe con que le llamas
ni aun las primeras noticias.

CARIDAD:

Con distante circunstancia
mas no con distante error
que uno niega, otro idolatra,
en América responde
la Idolatría, ocupada
en los sacrílegos cultos
de torpes deidades falsas.

MISERICORDIA:

En las provincias de Europa,
del apóstata infestadas
las del Norte, para que
vuelva a tu gremio no basta
el ser la Misericordia
quien le pone en confianza
de tu perdón.

REY:

¡Oh rebelde perfidia!
¡Oh ciega ignorancia!
¡Oh torpe error! Bien pudiera
de tanto desdén, de tanta
grosera acción, como ver
Sabiduría que hagan
desprecio de tu convite,
tomar de todos venganza;
pero mi poder por más
ofendido que se halla
no luce en lo que castiga
tanto como en lo que aguarda.
Temple por ahora mi enojo
el presumir que del Asia
la Esperanza traiga gentes
que con su número hagan
célebre la boda.

CARIDAD:

No esperes a que las traiga.

MISERICORDIA:

Ni a que ella venga tampoco.

REY:

¿Por qué?

FE:

Porque con más saña
que todos, el Hebraísmo
al oír que tu hijo casa
con Sulamitis, dudando
esta unión, porque él la aguarda
según su cómputo en otra
edad, y dudando que haya
pan, vino, maná y cordero
en tu mesa, con más rabia,
que en su poder quede quiso,
de suerte que desdeñadas
sin la Esperanza volvemos,
pues por no creer que pasa
la sombra a luz, el hebreo
se quedó con la Esperanza.

REY:

¡Oh generación de dura
cerviz, perversa y ingrata
a los beneficios! Pero
no por mirar que me faltan
para mi mesa los reyes,
los príncipes y monarcas,
dejaré de celebrar
las bodas con gentes varias.

REY:

Volved las tres y corriendo
caminos, calles y plazas,
sin excepción de personas,
por más humildes y bajas
que sean los convidad,
sin que el ser les obste en nada
mendigos, ciegos, tullidos,
ni con miserias y llagas
paralíticos, leprosos
y hidrópicos. Vean a causa
de mi piedad los magnates
del siglo que no hay distancia
dellos a los pobres como
las virtudes me los traigan.

REY:

Tú, eterna Sabiduría,
ten a todos vestes blancas
que nupciales ropas sean,
porque no haga disonancia
su desnudez en la mesa
sentándose a ella con manchas
de actual achaque. Tú,
príncipe, a ese umbral aguarda
a quitarles el empacho
que traerán de que les llama
su rey para que contigo
se sienten; suple sus faltas,
que no es bien llegue a tu mesa
nadie con desconfianza.
A su cargo cada uno
para que diga la fama
a los que se han excusado
por malicia o ignorancia,
que lo que ellos por soberbios
pierden, por humildes ganan
los pobres de Sulamitis.
Y tú, vil nación tirana,
tente la Esperanza allá,
que aquí no nos hace falta,
pues quien llega a posesión
no ha menester esperanza.
(Vase.)

SABIDURÍA:

Ven, Sulamitis, conmigo,
verás que desde hoy mi alcázar
nuevo hospicio es de tus pobres.

(Vase.)
SULAMITIS:

Pues tú al umbral los aguardas,
duélete dellos, señor,
y vea el hombre en las pesadas
enfermedades del cuerpo
las curaciones del alma.

(Vase.)
CARIDAD:

Nosotras segunda vez
con segundas voces altas
a su mandato obedientes
vamos.

PRÍNCIPE:

No en vano le llamas
mandato, que quizá este
es de otro la semejanza.

FE:

Pues para que a mayor honra
sea de quien nos lo manda
también la invocación sea
compuesta de sus palabras.

LAS 2:

¿De qué manera?

FE:

(Canta.)
Diciendo:
achacosos de la humana
naturaleza, venid,
venid, veréis en las sanas
enfermedades del cuerpo
las curaciones del alma.
Venid, que con esta dicha
no os queda que desear nada,
pues quien llega a posesión
no ha menester esperanza.

(Con esta repetición, cantando ella y respondiendo toda la MÚSICA, se van, quedando solo el PRÍNCIPE.)
PRÍNCIPE:

¡Oh amor! ¿A qué no me obligas,
pues me obligas a que haga
por ti tan grandes finezas
como sujetarme a tantas
penas como me contrae
la naturaleza humana;
Nazaret por ella al hielo
me vio; por ella mi patria
peregrinar a la ajena,
y por ella las montañas
fatigado del camino,
llena de sudor la cara,
con hambre afligirme el monte,
con sed rendirme Samaria.

PRÍNCIPE:

Y aun no han de parar aquí,
pues hasta el fin he de amarla
dando la vida por ella,
de que la prenda más alta,
la más explicada sombra
y la figura más clara
será a venideros siglos
ver que en sus supremas aras
ponga hoy la Sabiduría
a sus pobres mesa franca,
siendo del alma y del cuerpo
alimento las viandas,
tan a dos visos que vea,
pues llorosa me lo encarga,
en los achaques del cuerpo
y en los remedios del alma...

ÉL Y MÚSICA:

...que quien llega a posesión
no ha menester esperanza.

(Sale la FE y el APETITO.)
FE:

Este ciego en el umbral
del templo, señor, oyó
mi voz y por serlo yo
me ha enternecido su mal.

PRÍNCIPE:

¿Quién eres?

APETITO:

No sé qué tal
me tiene el desasosiego
de cuanto a apetecer llego,
que creo que es mi delito
en común el apetito.

PRÍNCIPE:

Bien se ve, pues eres ciego.
El primer pecado fue
del hombre y que vea conviene,
que viene bien el que viene
tras las voces de la Fe.
Vista al cuerpo te daré
con condición de que sea
vista del alma y se vea
que cuerpo y alma sanó
quien siguió a la Fe.

APETITO:

Vea yo y como ello fuere sea.

(Hace que levanta tierra y dale con ella en los ojos.)
PRÍNCIPE:

Este es tu remedio, llega.

APETITO:

¿Polvo me echas en los ojos?
Eso más es dar enojos
que remedios al que ruega.
Si el polvo aun al que ve ciega
¿qué hará al que no ve?

PRÍNCIPE:

El delito
que tú explicas solicito
sanar a alma y cuerpo, pues
el polvo a los ojos es
la cura del apetito.

(Hace que ve.)
APETITO:

No sin gran dolor lo creo
de mis yerros, pues aquí
el polvo es de quien nací
la primer cosa que veo;
conque el pasado deseo
de mi apetencia cesó,
porque al ver que yo soy yo
y tú eres tú, arrepentido,
piedad a tus plantas pido.

PRÍNCIPE:

Pues para ver su ser vio,
contigo he de enviarle, Fe,
(ya que enviado declara
quien dice Siloé) a la clara
laguna de Siloé,
vea el mundo en su cura...

LOS 2:

¿Qué es lo que ha de ver el mundo?

PRÍNCIPE:

Que en agua y en dolor fundo
su salud, pues sanar quiero
con agua el error primero
y con dolor el segundo.
En habiéndole lavado
trayle donde la blancura
de la nupcial vestidura
para sentarse a mi lado
limpio le deje y curado.

(Sale la CARIDAD y la PEREZA en un carretoncillo.)
CARIDAD:

Esta torpe ancianidad
que perezosa en su edad
aun hacia el bien no camina,
oyó junto a una piscina
la voz de la Caridad
y así a traértele me atrevo.

PRÍNCIPE:

¿Que paralítico está?

PEREZA:

Si treinta y ocho años ha
que de un lado no me muevo
porque a ningún hombre debo
que de mí compadecido
me ayude ¿qué mucho ha sido?

PRÍNCIPE:

Quien de otro espera el favor
símbolo es del pecador
en su culpa envejecido.
Si te hubieras tú ayudado
en los principios, no hubiera
esa horrible lepra fiera
tan grandes fuerzas cobrado.

PEREZA:

Ya veo que, descuidado,
mi mal mi pereza fue:
de un día en otro dilaté
el que en cura me pondría,
conque de uno en otro día
tan impedido me hallé
que de sanar desespero.

PRÍNCIPE:

Pues ¿no es mejor esperar?

PEREZA:

¿En qué ya?

PRÍNCIPE:

En querer sanar.

PEREZA:

¿En querer sanar? ¿Si muero
de envejecido mal fiero
bastará que quiera yo
a sanar dél?

PRÍNCIPE:

¿Por qué no?

PEREZA:

¿Y en qué fundaré ese bien?

PRÍNCIPE:

En ser mi Caridad quien
en la piscina te halló.

PEREZA:

Si mi curación es esa,
péseme y llore afligido
el no haberla conocido.

PRÍNCIPE:

Pues si llorando te pesa
para sentarte a mi mesa
toma tu lecho y camina.

PEREZA:

¡Oh celestial medicina!
No desesperes, mortal;
llora y confiesa tu mal
y saldrás de la piscina.

(Vanse los dos y sale la MISERICORDIA con la AVARICIA y la LASCIVIA.)
MISERICORDIA:

Este hidrópico sediento
con este hambriento mendigo
tras mi voz traigo conmigo.

PRÍNCIPE:

Ya en los dos me represento;
en el uno al avariento
que nunca harta su codicia,
en el otro la malicia
del lascivo, en que se infiere
que a uno enferma lo que adquiere
y a otro lo que desperdicia.
¿Qué queréis?

AVARICIA:

Habiendo oído...

LASCIVIA:

...que a tus bodas convidado...

AVARICIA:

...el ciego vista ha cobrado...

LASCIVIA:

...pies y manos el tullido...

AVARICIA:

...triste ruego...

LASCIVIA:

...humilde pido...

AVARICIA:

...que en mi grave hidropesía...

LASCIVIA:

...que en la gran miseria mía...

LOS 2:

...te compadezcas.

PRÍNCIPE:

Sí haré, que si Caridad y Fe
fue al uno y al otro guía,
no ha de merecer conmigo
menos la Misericordia,
bien que para la discordia
que hay entre avaro y mendigo,
al uno y al otro digo
que hagan lo que ellos hicieron.

LOS 2:

¿Pues qué sus méritos fueron?

PRÍNCIPE:

El uno ser polvo vio,
el otro su error lloró.

AVARICIA:

Si en llanto y en polvo vieron
su salud, en polvo y llanto,
la hacienda restituida
a quien la debo, mi vida
será un eterno quebranto.

PRÍNCIPE:

Pues porque en ti se vea cuánto
la Misericordia indicia
que sea gracia la justicia,
entra y cura en mi grandeza
la hinchazón de la riqueza
y la sed de la avaricia.
¿Tú quién eres?

LASCIVIA:

Un perdido
que a su padre le pidió
su patrimonio y salió
donde libre y divertido
habiéndole consumido
en delicias y placeres,
juegos, galas y mujeres,
a pedir le trae su exceso
limosna.

PRÍNCIPE:

Tú, según eso,
pródigo, símbolo eres
de aquel áspid que en el seno
da la muerte a quien le abriga;
de aquella esfinge enemiga
que su enigma es su veneno;
de aquel basilisco lleno
de blanda pluma traidora,
víbora que en flores mora,
hiena y sirena que encanta
con suavidades si canta
y con lástimas si llora.
¿La Lascivia, en fin?

LASCIVIA:

Sí soy.

PRÍNCIPE:

¿Dónde vas?

LASCIVIA:

Por no vivir
con brutos bruto a pedir
perdón a mi padre voy
y, enmendado desde hoy,
de sus piedades colijo
que al ver mi estado prolijo
recibido sea a salario
en su casa mercenario
pues no merezco ser hijo.

PRÍNCIPE:

Porque en eso perseveres
antes que allá el cuerpo...

LASCIVIA:

Di.

PRÍNCIPE:

Curarás el alma aquí.
Padre y señor...

(Sale el REY.)
REY:

¿Qué me quieres?

PRÍNCIPE:

Pues padre, siendo rey, eres
de familias, halle abrigo
en tu gracia este mendigo,
que va a su padre enmendado;
vea que con él ha dado
puesto que ha dado contigo.
Recíbele tú en tu cena.

REY:

Y con paternales lazos
antes que en ella en mis brazos,
y toda mi casa llena
ya de alborozo, sin pena
dél, sea fiesta y regocijo.

LASCIVIA:

Bien Misericordia dijo.

REY:

Venid todos, ¿qué esperáis?

(Salen las VIRTUDES.)
TODOS:

¿Qué nos mandas?

REY:

Que admitáis
aquel mi perdido hijo,
que del daño más mortal
vuelve a mí convalecido.
Trocadle el tosco vestido
en talar veste nupcial
y el más bello recental
que vio el ampo de la nieve
en suave pira leve
por él se inmole.

PRÍNCIPE:

Eso sí;
reconozca en él y en mí
el hombre lo que te debe,
pues aunque de su belleza
me movieron las pasiones
quieres que con propensiones
de humana naturaleza
a ella admita mi fineza,
y siendo yo el hijo fiel
y él el ingrato y cruel
dispones que sean aquí
las pasiones para mí
y los gozos para él.

TODOS:

Todos de nuestra alegría
te damos el parabién.

(Sale la SABIDURÍA.)
SABIDURÍA:

¿Qué esperas? Príncipe, ven;
que ya la asistencia mía
todo cuanto della fía
tu amor tiene prevenido,
y tantos pobres han sido
los que al convite han llegado
que cinco mil solo el prado
de los henos ha admitido.
Dellos, y de otros después,
se puebla uno y otro espacio,
de suerte que mi palacio
hospicio de pobres es.
Escucha sus ecos, pues
te apellida su clamor
diciendo, porque el favor
les llegue de su agonía:

(Dentro MÚSICA y VOCES.)
VOCES:

El pan nuestro de cada día
dánosle hoy Señor.

REY:

Ve tú a celebrar con ellos
tus bodas que yo estaré
a la mira para que
gozoso me alegre en vellos.

(Vase.)
PRÍNCIPE:

Mi gloria es favorecellos;
ven tú conmigo.

LASCIVIA:

Mejor
que acompañe su fervor
será la ventura mía.

SABIDURÍA:

Y contigo la alegría
nuestra diciendo en su loor:

TODOS:

El pan nuestro de cada día
dánosle hoy, Señor.

(Vanse y salen como oyendo a lo lejos HEBRAÍSMO, GENTILISMO y APOSTASÍA.)
LOS 3:

¿«El pan nuestro de cada día
dánosle hoy, Señor»?

HEBRAÍSMO:

Gentilismo, Apostasía...

LOS 2:

¿Qué quieres?

HEBRAÍSMO:

Saber deseo
qué segundas voces son
estas que con sus acentos
segunda vez nos perturban
el aire y el pensamiento.

GENTILISMO:

Yo no sé, que aunque dejando
por incapaz de consejo
al Ateísmo, quedamos
en que habíamos de vernos
los tres para conferir
la causa de sus efectos,
y aunque tenía que hablaros
en no sé qué presupuestos
de una Caridad que ignoro,
no tuve hasta agora tiempo
de buscaros, ocupado
en mis ritos; conque habiendo
nueva razón de dudar
tampoco agora le tengo
para más de que volvió
de mí despedida.

HEBRAÍSMO:

Eso al contrario a la Esperanza
conmigo sucedió, puesto
que no volvió despedida,
pues en mi poder la tengo,
y así pasando a esta nueva
voz que corre, lo que intento
es saber qué pan es este
que a gritos le llama nuestro
tanta multitud.

APOSTASÍA:

A mí toca esa respuesta, siendo
como soy quien de más cerca
ve el pan y duda el misterio.
Y así asentado el principio
de haber sido a un mismo tiempo
convidados y excusados
cada cual con su pretexto,
voy a que el rey ofendido
de nuestras respuestas, viendo
que sin gentes no era bien
celebrar el casamiento
(si ya no fue de nosotros
vengarse con el desprecio)
mandó que por los caminos,
calles, plazas y desiertos,
se convidasen los más
pobres míseros sujetos,
desde el mendigo al leproso,
desde el hidrópico al ciego
y desde el manco al tullido,
cuyo tumulto corriendo
a sus umbrales en altas
voces repite:

MÚSICA Y VOCES:

(Dentro.)
El pan nuestro
de cada día, Señor,
dánosle hoy.

APOSTASÍA:

Y pues a tiempo
llega el deseo de entrambas
en sus clamores envuelto
sabed que el ázimo pan
y mixto vino que ha puesto
la Sabiduría, careando
la autoridad que en dos textos
da la parábola en sombras
y en luces el evangelio,
a los ojos de la Fe
que ven más mientras más ciegos,
quiere que incluyan tan alto,
admirable sacramento
como que transubstanciado
sea carne el pan y luego
sangre el vino; maravilla,
milagro, asombro o portento
que sacramentario yo
ni sé, ni alcanzo, ni entiendo.
Y así puesto en libertad
de conciencia huyo su gremio
por no obligarme a tener
cautivo el entendimiento.

HEBRAÍSMO:

Haces bien; y pues que ya
el gran prodigio sabemos
que en ese pan la Fe intenta
darnos a entender ¿qué haremos
para alcanzar dél alguna
pequeña parte en que haciendo
una y muchas experiencias
veamos qué contiene dentro?

IDOLATRÍA:

Yo no sé.

APOSTASÍA:

Ni yo tampoco.

HEBRAÍSMO:

A mí se me ofrece un medio.

LOS 2:

¿Qué es?

HEBRAÍSMO:

Que tú como ladrón
que eres de casa, a quien menos
pueden descubrir o el traje
o el idioma, hoy entre aquesos
despreciables convidados
disfrazado y encubierto
te introduzgas, de manera
que parezcas uno dellos,
conque podrás de ese pan
alcanzar algún pequeño
bocado que traer contigo;
que si en mi poder le veo
yo le sabré acrisolar
a exámenes tan violentos
que descubra sus quilates.
¿Qué dices?

APOSTASÍA:

Que no me atrevo;
porque para ir a la boda...

HEBRAÍSMO:

Di.

APOSTASÍA:

Ropa nupcial no tengo.

HEBRAÍSMO:

¿Por qué ha de tenerla el pobre?
Mejor va con sus remiendos
cuando va a pedir limosna.
Persuádele tú.

GENTILISMO

No quiero;
que es vil, es traidora acción
ir a engañar con pretexto
de doble amigo, y así
puedes sin mí tratar de eso
en que yo ni entro ni salgo,
que no ha de decir el tiempo
que la Gentilidad tuvo
parte en tan aleve intento.

(Vase.)
HEBRAÍSMO:

Pues diga de mí, que yo
no solo la parte pero
el todo tuve; y así
para ver si te convenzo
no quiero que me le des
mas que me le vendas quiero.
¿Cuánto quieres que te dé
(hagamos contrato el ruego)
por traerme solo un bocado
de ese pan? ¿Qué estás suspenso?

APOSTASÍA:

¡Oh interés, y lo que pesa
tu balanza!

HEBRAÍSMO:

¿Cuánto, vuelvo
a decirte, por él quieres
que te dé?

APOSTASÍA:

Treinta dineros.

(Dale un bolsillo y tocan las chirimías.)
HEBRAÍSMO:

Poco me has pedido, toma;
y pues ya desde aquí vemos
que en el cenáculo entrando
van en acompañamiento
de los novios, los mendigos
todos vestidos de nuevo
y convalecidos ¿qué
aguardas? No pierdas tiempo,
que ir sin ropa más hará
lástima que no desprecio
por no haberte a ti vestido.

APOSTASÍA:

Dices bien; y ya con eso
no temo que en mí reparen;
y aunque reparen ¿qué pierdo
en que ellos con su reparo
se queden si yo me quedo
con mi dinero?

(Vase.)
HEBRAÍSMO:

Pues yo
a acercarme no me atrevo;
desde aquí estaré a la mira
para observar a lo lejos
desta venta y compra el fin;
y no en vano, pues que veo
al príncipe y Sulamitis
en mesa traviesa puestos,
y a un lado y otro sentados
los miserables desechos
de las cortes, cada uno
apadrinado del celo
de la virtud que le trujo
a este honor. Ya toma entre ellos
el apóstata lugar
con todos en hacimiento
de gracias y bendición
de mesa, también diciendo:

TODOS Y MÚSICA:

Aunque no somos, Señor,
por nuestros merecimientos
dignos de tantos honores
perdonadnos por los vuestros
ya que en vuestra santa palabra nos vemos
sanos, perdonados, salvos y contentos.

(Las chirimías, y ábrese un carro en que estará una mesa y en su cabecera el PRÍNCIPE y SULAMITIS, y a una banda y otra las tres VIRTUDES y los cuatro pobres con ropas de velillo y la APOSTASÍA sin ella.)
TODOS Y MÚSICA:

Aunque no somos, Señor,
por nuestros merecimientos
dignos de tantos honores,
perdonadnos por los vuestros,
ya que en vuestra santa palabra nos vemos
sanos, perdonados, salvos y contentos.

PRÍNCIPE:

Mira, amada Sulamitis,
en cuánta honra, en cuánto aumento
tu pobre familia se halla.
Y pues los llamados fueron
muchos y los escogidos
son pocos, haré con ellos
la última fineza, ya
que a mi mesa los asiento.

SULAMITIS:

¿Qué mayor, señor, que aquella
que a tu amor divino debo
explicando las del alma
en las saludes del cuerpo?

PRÍNCIPE:

¡Ay de aquel que a enfermar más
le traen sus atrevimientos!

APOSTASÍA:

El príncipe me ha mirado,
si no me engaño, con ceño;
pero ya una vez aquí
nada dudo, nada temo,
que no es poca granjería
cenar y llevar dinero
solo a costa de decir
en el cántico con ellos:

TODOS:

Ya que en vuestra santa palabra nos vemos
salvos, perdonados, sanos y contentos.

(Las chirimías, y ábrese otro carro con aparadores y en él el REY y la SABIDURÍA.)
SABIDURÍA:

Desde estos aparadores
que a imitación de los cielos
plateados canceles forman
puedes, Señor, encubierto
ver la mesa y los que en ella
sentados están.

REY:

De verlos
con las albas vestiduras
que habiéndoselas tú puesto
significan la interior
pureza de sus afectos,
tu sabes, Sabiduría,
cuánto me gozo y me alegro;
mas oye, ¿quién es aquel
que sin nupcial ornamento
mete la mano en el plato?

(Baja de su carro y tras él la SABIDURÍA, y sube al otro carro en cuya punta estará el apóstata sentado.)
SABIDURÍA:

¿Dónde vas?

REY:

Donde pretendo
dar castigo a tan aleve
sacrílego atrevimiento.
¿Cómo? ¿Sentarse a esa mesa
sin desnudarte primero
del hábito de hombre antiguo
y vestido el de hombre nuevo?
Dime, amigo, ¿a qué veniste
aquí?

APOSTASÍA:

¡De mirarle tiemblo!

REY:

¿Y cómo aquí...

APOSTASÍA:

¡Qué pavor!

REY:

...entraste...

APOSTASÍA:

¡Qué sentimiento!

REY:

...sin haber...

APOSTASÍA:

¡Qué ansia!

REY:

...lavado...

APOSTASÍA:

¡Qué parasismo!

REY:

...primero...

APOSTASÍA:

¡Qué angustia!

REY:

...la blanca estola
en la sangre del cordero
que cruento sacrificio
fue, para ser incruento?

APOSTASÍA:

Como, si, no, cuando, yo...
Mudo estoy, a hablar no acierto;
¿qué mucho si el corazón
se me ha quebrado en el pecho?

REY:

Levanta de aquí, levanta;
que no es bien que tome asiento
el réprobo entre elegidos
ni entre humildes el soberbio.
Llevadle arrojado dél
al más pavoroso centro
que en exteriores tinieblas
humo exhala, escupe fuego.

(Cae del trono y da cayendo y levantando en brazos del HEBRAÍSMO.)
APOSTASÍA:

¡Ay infelice de mí!
¿A dónde irá a parar, cielos,
mi precipicio?

HEBRAÍSMO:

A mis brazos.

APOSTASÍA:

Fuerza era dar en ellos;
que un despeño siempre fue
principio de otro despeño.
Mal hubiese mi codicia;
toma, toma tu dinero,
que no le quiero por tuyo.

HEBRAÍSMO:

Ni yo tampoco le quiero
por haberle tú tocado.

APOSTASÍA:

Pues arrojaréle al templo
y iré donde con mi vida
acabe el áspid que el pecho
muerde, el puñal que atraviesa
el corazón, el incendio
que las entrañas abrasa,
y, en fin, el dogal que al cuello,
pues me está quitando el habla,
también me quite el aliento.

(Vase.)
HEBRAÍSMO:

Emplearéle yo en un campo
de sangre que cimenterio
sea porque no a los vivos
inficione su veneno.

DOS VIRTUDES:

¡Qué asombro!

DOS VICIOS:

¡Qué confusión!

VIRTUDES:

¡Qué prodigio!

VICIOS:

¡Qué portento!

PRÍNCIPE:

La ira del rey aunque sea
con el traidor pone miedo
al leal.

SABIDURÍA:

Bien lo declara
el quedar todos suspensos.

HEBRAÍSMO:

Sino yo, que declarado
oponerme a todos tengo.

REY:

¿En fe de qué tu osadía
tiene tanto atrevimiento?

HEBRAÍSMO:

En fe de aquella Esperanza
que sé que conmigo tengo.

(Sale la ESPERANZA.)
ESPERANZA:

No tienes, que si contigo
me tuviste fue advirtiendo
que puedo como esperanza
humana fallecer luego
que sea posesión; mas como
divina virtud no puedo,
pues lo temporal cumplido
me queda acción a lo eterno;
y así si aquí no hice falta,
llegando a su cumplimiento
la dicha del hombre, ya
es fuerza que a tu despecho
venga a que goce la dicha
con la esperanza del premio
sin que tu puedas tenerme.

HEBRAÍSMO:

¿Por qué tenerte no puedo?

ESPERANZA:

Porque a vista de aquel alto
inefable sacramento,
la esperanza del judío
solo es humo, polvo y viento.

HEBRAÍSMO:

¿Qué sacramento, si allí
cordero, vino y pan veo
solamente?

SABIDURÍA:

A mí me toca,
pues yo en la mesa lo he puesto,
decirte lo que en sí incluyan
cordero, vino y pan, siendo
estas bodas sombra y luz
de las bodas del cordero
que en la Apocalipse abrió
el libro de siete sellos,
cuando en su celebridad
sentado el esposo en medio
de la esposa y los humildes
que a falta de los soberbios
vinieron a su mandato
donde en fiel recogimiento
sustentados y vestidos
vivan a expensas del cielo,
les diga:

PRÍNCIPE:

Para que nunca
os falten los alimentos
que como a hijos debo daros,
en mi último testamento,
ese cordero legal
que asado mandé poneros,
no guisado ni cocido,
porque sin quebrarle hueso
pueda extendidos los brazos
parecer que está en cruz puesto,
mi imagen es; este pan
que en mis manos tomo haciendo
gracias a mi padre es
mi carne, mi sangre luego
este vino; conque nunca
os podrá faltar sustento
teniéndome siempre en ese
cáliz y hostia en alma y cuerpo
con real asistencia vivo.

(Vuelve el cordero y vese el cáliz y hostia.)
HEBRAÍSMO:

¿Quién asegura todo eso?

FE:

La Fe que ciega lo mira.

CARIDAD:

La Caridad, advirtiendo
que el pan es la Caridad.

MISERCORDIA:

La Misericordia, puesto
que ella afianza las limosnas.

ESPERANZA:

La Esperanza, que los premios
promete a quien las ayude.

SULAMITIS:

La esposa, que halló el aumento
de gracia para sus pobres.

LOS 4:

Sus pobres, que a los pies puestos
de poder, ciencia y amor,
lo adoramos y creemos.

HEBRAÍSMO:

Todo eso no lo asegura
a los siglos venideros.
Obra tan grande fundada
en tan débiles cimientos
como unos mendigos mal
convalecidos enfermos
¿qué duración se promete?
¿Habrá fortaleza en ellos
que a una nueva institución,
nuevo albergue, hospicio nuevo
el peso sustente?

(La FORTALEZA en otro carro.)
FORTALEZA:

Sí;
que es suave yugo su peso.

HEBRAÍSMO:

¿Quién eso dice?

FORTALEZA:

La misma
Fortaleza, pues es cierto
que quien Fortaleza dijo
dijo Gabriel; conque siendo
Gabriel el custodio y guarda
de este paraíso bello
cuyas plantas atributos
son del ave de los cielos
¿quién duda que el nuevo hospicio
deste paraíso nuevo
y más si al Ave le añade
María como diciendo
que aquí todo es Gracia pues
María y Gracia son lo mesmo,
trayendo el Ave María
no solo en el alma impreso
por blasón, pero en grabadas
láminas de bronce al pecho,
tenga con su patrocinio
Fortaleza contra el tiempo
y en su nombre por los siglos
de los siglos viva eterno?

TODOS:

¿Qué te queda, si esto escuchas,
que dudar, rebelde pueblo?

HEBRAÍSMO:

Todo; y así aunque a vivir
sin domicilio, sin templo,
sin sinagoga, sin ara,
prófugo quede, primero
que lo vea y que lo adore
iré de su vista huyendo.

(Vase y sale el GENTILISMO.)
GENTILISMO:

Por eso vendré a su vista
yo, que escuchando a lo lejos
tan inmensas maravillas
humilde a adorarlas vengo.

REY:

Tú, Gentilidad, serás
de su lugar heredero.

TODOS:

Y todos, en fe de que es
día de perdonar yerros,
en hacimiento de gracias
una y mil veces diremos:

MÚSICA Y TODOS:

Aunque no somos, Señor,
por nuestros merecimientos
dignos de tantos honores
perdonadnos por los vuestros
ya que en vuestra santa palabra nos vemos
sanos, perdonados, salvos y contentos.
 
Si quid dictum contra Fidem, aut bonos mores, quasi non dictum, & omnia sub correctionem.