El método racional: 5



V.

Resumamos y generalicemos.

Primero se forma la ciencia experimental.

Después los hechos se reúnen en grandes leyes empíricas.

En la época moderna las leyes empíricas de cada grupo se condensan, por medio de una hipótesis, en una sola ley, y esta explica, mediante los principios racionales de las matemáticas, todos los hechos conocidos.

Aquellas mismas hipótesis de los filósofos griegos surgen, pues, en el mundo moderno; pero rehabilitadas, robustas, llenas de nueva vida, subiendo hasta el cielo, no sobre flotante nube, sino arrancando de los sólidos é inquebrantables cimientos de la realidad.

¿Por qué pues las hipótesis fueron estériles en Grecia para el progreso de la física, y por qué las consideramos hoy como eminentemente fecundas?

¿Qué diferencia hay entre unas y otras?

¿Qué da valor á estas y qué faltaba en aquellas?

Las hipótesis de los filósofos griegos y de los naturalistas latinos no tenian fundamento sólido, les faltaba base, eran de todo punto arbitrarias, se forjaban sin mirar casi al mundo exterior, ó cuando más arrancaban de una observación superficial y ligera.

La hipótesis del siglo XIX encierra en si y explica todos los hechos conocidos; es producto de la razón, pero se funda en la experiencia; es una gran síntesis, mas precedida de un minucioso análisis; no ha sido forjada lejos del teatro de los fenómenos, sino con carne y sangre, si se nos permite esta frase, de los fenómenos mismos.

Aquellas hipótesis no tenian demostración; las nuestras demostración tienen; empírica, no lo negamos, pero esto mismo constituye su fuerza y su valor ante la realidad.

Las hipótesis del éter, por ejemplo, no es en óptica un imaginar caprichoso, un juego de la fantasía; es la síntesis de todos los fenómenos lumínicos hasta hoy conocidos, pero síntesis tal, y tan sencilla, y tan fecunda, que al mismo tiempo que armoniza y condensa los hechos, abre campo infinito á la ley racional.

Sucede en la física moderna, si se nos permite esta comparación, lo que en un ejercicio muy conocido de los dibujantes, y es el siguiente: dados varios puntos sobre un papel, hacer pasar por ellos un objeto cualquiera, un grupo, una figura humana; pero de suerte que todos formen parte del bosquejo, y que no aparezca en los contornos nada incorrecto, duro, deforme ó forzado.

Los puntos son, por decirlo así, los hechos aislados de la física.

El dibujo la ley, bella, continua, armónica, que los ha de unir.

Y la idea fundamental del dibujante respecto á la posición, actitud y escorzos de la figura es, en cierto modo, la hipótesis de que la ciencia parte.

Si los puntos son pocos, la figura podrá trazarse con facilidad, pero será tanto más indeterminada cuanto menor sea la sujeción; es decir, que existirán varias figuras posibles. Si los puntos son muchos, el problema es difícil; pero si no se lian fijado arbitrariamente, sino en virtud de una idea, y según cierto tipo, al fin podrá hallarse la solución, la verdadera solución; y cuando un contorno purisimo los una, el artista descansará en su obra, que será aquel tipo ideal que buscaba.

Pero los hechos del inundo físico no son puntos arrojados al azar, hay leyes que los unen, hay algo que los envuelve y los explica, y por eso la razón busca ansiosa en el caos de los fenómenos los divinos contornos de la idea.

La física moderna aspira á la metafísica; la constante oposiciónentre lo ideal y lo real se desvanece, y una gran síntesis se prepara.

La fuerza y el valor de las modernas hipótesis no solo dependen de lo conocido, sino de lo ignorado; no solo tienen importancia cientifica y valor práctico por lo que sintetizan y por lo que explican, sino por lo que adivinan; son la expresión racional de la ciencia existente, y medios poderosísimos además para engrandecerla descubriendo nuevos fenónemos y nuevas leyes.

Por ejemplo, la óptica se resume de este modo:

1.° Una hipótesis: el éter.

2.° Las leyes racionales del movimiento.

Pero si la luz no es otra cosa que el movimiento vibratorio del fluido etéreo, las fórmulas analíticas de la mecánica deben, no solo explicar todos los hechos conocidos, sino adivinar otros nuevos, y combinando dichas fórmulas é interpretando los resultados han de hallarse nuevas apariencias de la luz, que después se comprobarán experimentalmente; y asi la teoría va delante de la experiencia, guiándola, dándole dirección y sentido, con virtiendo la experimentación ciega en un verdadero método racional.

Donde se ve que la especulación no destruye, ni aun se opone á la experiencia, antes bien ambas se completan y armonizan mutuamente.

Que la hipótesis explique lo conocido no es maravilla: al explicarlo, nos devuelve por decirlo así lo que dentro de ella hemos puesto, y si se amolda á los hechos es porque está formada por los hechos mismos; pero cuando anuncia y afirma otros fenómenos distintos antes ignorados, que no se tuvieron en cuenta al forjarla, que no entraron en ella, y al descender á la realidad esos fenómenos nuevos aparecen según fueron profetizados por la teoría, este acuerdo es prueba palpable de que si empíricamente se construyó la hipótesis, algo más que el elemento empírico hay en ella.

En resumen, las modernas hipótesis no son ya meras posibilidades, sino verdaderas realidades objetivas; asi dan razón de todos los fenómenos conocidos, asi preparan nuevas investigaciones, y preparan sobre todo la aparición de una última y suprema unidad.

¿Qué son sin un principio, sin una ley única que los comprenda, los hechos aislados?

Átomos perdidos en el caos, polvo impalpable que al azar se condensa ó se deshace; y que, como la arena del desierto seca la garganta, roba la respiración y oprime el pecho, asi también seca la más rica savia de la inteligencia, mata el aliento del espíritu y oprime á la razón con su estéril y abrumadora muchedumbre.

Los hechos aislados, ni nos interesan ni nos conmueven, ni casi se comprende que existan; por eso el filósofo y aun el físico, á veces sin saberlo, buscan la relación, la ley, la unidad; pero unidad tal, que abarque los fenómenos sin destruirlos ni negarlos, antes bien, dándoles nuevo sentido y una más alta significación, y multiplicando por decirlo asi cada hecho particular al relacionarlo con los restantes. De esta suerte cada átomo de la creación es por si, y además por sus relaciones con el universo, y en su pequenez se refleja y se reproduce cuanto le rodea.

Lo que va de un estéril arenal, masa de polvo suelto, á un bellísimo jardín, en que tierra, aire, cielo y agua se unen y organizan, resaltando de este fecundo consorcio admirables armonías, va también de la ciencia empírica á la ciencia moderna con sus elevadas aspiraciones filosóficas.

Si, como veremos en el próximo artículo, mucho le falta para terminar su obra, grandes son en cambio las conquistas que en lo que va de siglo ha alcanzado sobre la naturaleza, y fundadas y legítimas son sus esperanzas para el porvenir.


J. ECHEGARAY.