El libro de los Cantares: 04

El libro de los cantares
Desde balcón a balcón

de Antonio Trueba
4

DESDE BALCÓN A BALCÓN

I

Desde mi balcón te veo,
cara a cara y frente a frente,
cuando riegas los jazmines
y la albaca y los claveles
que tu habitación perfuman
porque en tu balcón florecen.
Me parecen muy hermosas
las flores que regar sueles,
pero tú, flor de las flores,
más hermosa me pareces;
y por eso a todas horas
en tu balcón quiero verte,
y por eso, ay Dios, por eso
¡enamorado me tienes!
Me muero por confesarte
lo que el corazón te quiere,
pero es la calle tan ancha
que mis palabras se pierden
entre tu balcón y el mío
por más que la voz esfuerce,
y no te puedo decir
lo que mi corazón siente.

II

Cuando cierras los cristales
de tu balcón, me parece
que la luz del sol se apaga,
que una oscura noche viene,
y fijo mis tristes ojos
en la muselina tenue
que te recata a la vista
del que se muere por verte.
A veces la agita el viento
y la levanta otras veces...
¡Ay, si vieras qué ilusiones
entonces forja mi mente!
Me figuro que es tu mano
quien la cortinilla mueve,
porque tus ojos me buscan
y tu corazón me quiere;
pero recuerdo en seguida,
que ignoras mi amor ardiente;
pues velo el fuego del alma
con un semblante de nieve
y no te puedo decir
lo que mi corazón siente.

III

Desde mi balcón descubro
el blanco lecho en que duermes,
no bien le abandonas y abres
tu balcón cuando amanece.
La confusión y el desorden
que en él mis ojos advierten
me revelan que tus sueños
son agitados y breves.
¿Qué inquietudes te desvelan?
o ¿de qué mal adoleces?
¡Acaso, como yo, el alma
enferma de amores tienes!
¡Acaso en el lecho lloras,
como también me sucede,
esperanzas amorosas
que en él nacen y en él mueren!
Ven a llorar en mi seno,
pobre tórtola doliente...
Pero mi acento amoroso
en el espacio se pierde,
y no te puedo decir,
lo que mi corazón siente!

IV

Blanca paloma encerrada,
rompe esas tiranas redes
y ven a buscar el cielo
que mi corazón te ofrece.
La juventud es hermosa;
pero se marcha y no vuelve,
y es triste pensar en ella
cuando pasó estérilmente!
Las almas como la mía
hasta el dolor embellecen:
ven a mi lado y el arte
que Dios me enseñó te enseñe,
y verás como los cielos
más azules te parecen,
más floridas las praderas,
más perfumado el ambiente,
más placentera la vida
y menos triste la muerte...
Pero, ay Dios, en el espacio
estas palabras se pierden,
y no te puedo decir
lo que mi corazón siente!