El cura de vericueto/Primera parte/VI

V
El cura de vericueto
Primera parte - Capítulo VI

de Leopoldo Alas
Segunda parte: I


No saqué de aquella, y otras visitas, la impresión y el juicio que Higadillos pensaba; encontraba, lo mismo en los ojos que en la sonrisa, que en las palabras de Celorio, un fondo de delicadeza así como vergonzante, que no se compadecía con las cualidades del tipo, groseramente epicurista, avaro, carnal y cazurro que Higadillos pintaba en su poema y en su conversación.

Lo que yo vi, por lo pronto, en nuestras prácticas con Celorio, es que este se burlaba lindamente, pero sin saña, de la ciencia valetudinaria de mi huésped y amigo, el cual, en materias filosóficas y de teología, así dogmática como histórica, estaba muy poco fuerte.

Higadillos, por ejemplo, opinaba que los católicos tenían obligación de creer que Cristo estaba en el cielo sentado a la diestra de Dios Padre; y era de ver cómo Celorio, oyendo esto, sacudía la cama de nogal con las carcajadas, y hasta un poco de tos, que el donoso disparate le producía.

-Pero, ciruelo -exclamaba en dejando de toser-, ¿cómo ha de ser literal eso de la diestra de Dios, si Dios, como no es cuerpo, no tiene derecha ni izquierda?

-Pues es de fe -gritaba Higadillos.

-Lo que es de fe, yo a lo menos lo creo como si lo viera, es que sabe usted tanto de teología como yo de herrar moscas.

Era Celorio hombre de cierta instrucción, aunque de pocas noticias precisas, por tener sus principales estudios fecha muy remota.

Noté que a veces, si Higadillos no le miraba, guiñaba un ojo, sacaba la lengua, y vine a comprender que la preparaba una gran broma.