Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


El celoso enfermo.

Tenia celos un marido viejo de un caballero joven que vivia vecino de su casa, y con quien su mujer solia pasar las horas muertas en tirada conversación. La negra enfermedad de los celos llegó á tal punto, que puso al pobre marido en el estado de perder la vida, y no encontrando remedio á su dolencia, ni esperanza de consuelo á su cuita, llamó á su mujer y le dijo:

— Oye, Rosalía de mi vida, tal me ha puesto la dolencia queme aflige, que no creo posible escapar de la muerte: hacienda te dejo con qué vivir, y si placer quieres darme por lo mucho que te he querido, solo te ruego que no te cases con ese vecino que tales muestras ha dado de quererte.

— Marido mió, respondió la mujer, así Dios te dé pronto la gloria eterna que tanto te deseo, como me es fácil darte gusto en esta ocasión, porque aunque quisiera casarme con ese que tú dices, no puedo ya, estando como estoy comprometida con otro mejor mozo.