Adiós al vino
de Pedro Antonio de Alarcón


 No más, no más en piélagos de vino
 sepultaré, insensato, mis dolores,
 velando con quiméricos vapores
 de la razón el resplandor divino.
 

 No más, hurtando el rostro a mi destino,
 pediré a la locura sus favores,
 ni, ceñido de pámpanos y flores,
 dormiré de la muerte en el camino.
 

 Arrepentido estoy de haber hollado,
 vate indigno, con planta entorpecida,
 el laurel inmortal y el áurea ropa...
 

 ¡Néctar fatal!, licor envenenado,
 acepta, al recibir mi despedida,
 el brindis postrimer... ¡Llenad mi copa!