<< Autor: José Batlle y Ordóñez


Viernes 13 de noviembre de 1914, El DIA

Aclarando ideas

La algarabía de los diarios contubernales, producida por la fuga del subtesorero y habilitado de Aduana, fue ayer menos intensa. Sinceramente creemos que nuestra consideraciones sobre la situación que el señor Director de Aduanas se encuentra con respecto al prófugo Vives han contribuido a producir ese resultado.

Dejamos demostrado anteayer que no solo no habría habido incorrección de conducta en el hecho de que el Director de Aduanas debiera una suma a un empleado inferior, sino que, en el caso ocurrente, lo natural y lo acostumbrado es que todos los empleados de una repartición tengan cuentas con la persona a quien ellos pagan para que les cobre los sueldos, y anote los anticipos que les hace la Caja de Ahorros y Descuentos.

El Habilitado de la Aduana no es un funcionario público. Es un empleado de los empleados, generosamente pagados por ellos. Si ese habilitado desempeñaba al mismo tiempo, la subtesoría de la repartición, tal circunstancia no impediría que con autorización de las autoridades superiores, tuviese un cometido de carácter privado. Y fue en ese carácter que adelanto sumas de dinero al Director de Aduana.

Pero, aunque no lo hubiera sido, sostenemos que recibir un préstamo no es, ningún caso, cometer una falta. La idea de que, el que lo recibe se coloca, de inmediato, en una situación de inferioridad y dependencia con relación al que lo hace, solo puede ser considerada como expresión de la verdad con un criterio de tramposo o de mendicante.

Esa situación se crea solo cuando el préstamo es un favor, o cuando el deudor no paga su deudado de mora al pago. Fuera de estos casos el préstamo es un convención en que nadie queda en una situación de inferioridad ni de superioridad, como no hay inferioridad ni superioridad cuando se forma una sociedad, se compra una casa o se hace cualquier otra operación; es un negocio en que las dos partes tienen igual interés. Y ¿puede prohibirse a los funcionarios de una misma oficina, pública o privada, el tener negocios lícitos entre sí?

Pero se dirá sutilizamos. Las verdades morales y jurídicas sin embargo, siempre son sutiles y no está permitido a los que se ocupan de ellas el hilar burdamente, con las ideas confusas del prejuicio vulgar.

Si el doctor Idiartegaray hubiese tomado en préstamo una cantidad que no pudiese devolver, o hubiese aceptado el servicio de un préstamo considerable sin interés, o se hubiesen negado a pagar su deuda, o sus réditos, cuando se le hubiese exigido, abría procedido de una manera irregular y su autoridad de jefes se hubiera visto quebrantada ante el empleado subalterno. Pero, ninguna alteración podía producirse en esa autoridad mientras su situación de deudor que cumple sus deberes, fuese perfecta. Y esto es precisamente, lo que ha ocurrido. Contra las declaraciones del prófugo Vives, el doctor Idiartegaray declara que jamás debió a Vives la abultada suma que este señala, sino una mucho menor; que Vives estipulaba intereses en los préstamos que le hacía, y que, en los últimos tiempos, vio muchas veces a Vives que le presentara su cuenta, sin conseguirlo, manifestaciones estas que deben ser consideradas como la verdad mientras no se pruebe lo contrario.